Pendiente reformar la Constitución
Desde hace varios años, he venido al igual que otros destacados juristas y académicos, sosteniendo que se hace imperioso reformar nuestra Constitución Nacional; sin embargo, tal clamor ha caído en saco roto y no ha habido la voluntad política parea acometer tal tarea de dotar de un nuevo rostro constitucional a la nación y al país. La actual Constitución ha devenido en una especie de traje de parche, huérfana de legitimidad social, que la hace vulnerable y recurrente a violaciones sistemáticas dando lugar a una institucionalidad de igual gastada, ineficiente y propensa a cuantos delirios antidemocráticos se venga en gana, los que se quieren servir de ella, para despropósitos que anclan nuestro ser nacional e institucional.
Justo es reconocer que ha habido esfuerzos para emprender esta asignatura de la reforma integral constitucional muy buenos y trascendentales. Verbigracia el trabajo que realizaron en la Comisión que designó el Lic. Ricardo Martinelli, destacados juristas , entre ellos el Dr. Rolando Murgas, Edgardo Molino y otros. Ellos abrieron el abanico a la participación ciudadana, lo que nos lleva a sostener que el documento elaborado de nuevo texto constitucional, es un producto social.
Lamentablemente, como otras tantas iniciativas de naturaleza de estado, quedan en suspenso, reposando el silencio del sueño eterno. Buena oportunidad se perdió, pero aún así seguimos pensando que nuestra Carta Magna demanda de un enfoque integral de reformas y hacia dónde tendremos que caminar; desde esta columna de opinión, me aventuro a sugerirle a nuestra clase política que asuma el compromiso, de darle un remozamiento constitucional y a la institucionalidad democráticamente precaria que nos limita dar el salto hacia una forma de modernidad acorde con nuestros tiempos.
En ese sentido, sugiero al próximo presidente que se arme de la voluntad política para que una vez que asuma la jefatura del Órgano Ejecutivo, convoque a una Asamblea Constituyente Paralela, de tal suerte que los 60 constituyentes que el pueblo elija, representativos del país y estratos sociales, comiencen a trabajar en la confección de un nuevo rostro constitucional para el país, y si a bien lo tienen que se tomen como documento base el trabajado por la comisión de notables.
Se trata, en lo fundamental, en el diseño de una nueva legitimidad constitucional, lo que se traduciría en nuevas reglas de la convivencia social, política, jurídica y ciudadana.