Pensamiento crítico y cognición social en niños
Ramiro Campos | Psicopedagogo. Neurorehabilitador pediátrico
Usar un pensamiento crítico implica un esfuerzo porque hay que molestarse en pensar, buscar información, analizar y llegar a una conclusión que, además, puede ir en contra de lo que piensan las personas cercanas a ti o la sociedad. Por tanto, ¿por qué no limitarse a pensar lo menos posible y adoptar las ideas de los demás?
Sin duda, esta postura es cómoda y fácil, pero te vuelve dependiente de los demás, te impide practicar el pensamiento crítico, te impide ampliar conocimientos, te priva del ejercicio mental que supone usar tu pensamiento para generar tus propias ideas y te priva de una fuente importante de satisfacción y autoestima. Cada vez que un niño usa su pensamiento de este modo está obteniendo pequeños logros personales. Y son esos logros los que elevan nuestra autoestima y nos hacen sentirnos orgullosos de nosotros mismos, independientes y fuertes. La influencia de la situación en la interpretación del contexto, las decisiones que se toman y el comportamiento generado; la falta de conciencia que se tiene sobre la influencia situacional y su relevancia en la toma de decisiones; la construcción de la percepción social y del sí mismo, que integra la estructura cerebral y su funcionamiento, con la representación de elementos contextuales; la falta de comprensión sobre la construcción de la percepciones sociales y la construcción social de los procesos del sí mismo, es decir, el conocimiento propio, a partir de lo que otros dicen cada día, tienen como fin dar sentido al mundo social que nos rodea: tomamos decisiones sobre qué ropa vestir, si salir a comer con un amigo y con qué amigo, qué marca de champú comprar, qué película ver en el cine y si creemos que nos gustará, por quién votar.
Cada día tenemos que dar sentido al mundo social que nos rodea: la imaginación en los niños necesita materiales para mantenerse en forma, estos ayudan a desarrollar sus habilidades y su fantasía. Los materiales ayudan a los niños a aprender técnicas de organización. Cuando los niños ponen en fila sus materiales (juguetes), basándose en un esquema organizativo que solo ellos conocen, están perfeccionando la capacidad específicamente humana de manifestar el sentido y el propósito de algo mediante la organización del espacio.
Procesos sobre el sí mismo (self) se refieren a tareas introspectivas relacionadas con la autoestima, la autoconfianza, el autocontrol, la autodisciplina, el autoconocimiento y la autoconciencia, que representan a la persona como parte del mundo social, generando evaluaciones y valoraciones específicas sobre los eventos, sus consecuencias personales y la mejor actuación posible para manejarlos. Estas tareas activan áreas como el frontal medial, el giro superior frontal, el cíngulo anterior y el parietal anterior.
Un proceso asociado a las representaciones del self, que no se presenta en todos los casos y se realiza fuera de la conciencia, es el razonamiento motivado, el cual se contrapone a la idea de la construcción exacta del mundo externo en la mente, ya que en los momentos en los que el mundo social atenta contra la autoimagen, el razonamiento se modifica de forma que esta no sufra un impacto tan fuerte.
En relación con las habilidades que se esperan del alumno del futuro, nos debemos centrar en dos ámbitos fundamentales para los niños: el cognitivo y el socio-afectivo (procesos o dimensiones estrechamente vinculadas), pero desde la mirada de la complejidad de estos procesos que ya han implicado la vinculación con otros ámbitos como el motor, estas se encuentran vinculadas a la inteligencia, al manejo y procesamiento de información que se le presenta en su contexto.
Las habilidades relacionadas son: Percepción: Es el proceso en el cual se capta la información que se presenta del mundo externo e interno. Gracias a la percepción, niños y niñas conectan sus necesidades (mundo interior) a las posibilidades que le ofrece el medio, para que surja el suceso de crear. Los sentidos juegan un rol importante, pues constituyen las formas básicas para la generación de conocimientos, ayudando a despojar de prejuicios y esquemas rígidos y ampliar así el panorama de esta. La percepción ayuda a desarrollar la capacidad de reconocimiento y clasificación de problemas, acumulando datos que serán el material del proceso creativo.
Por último, la elaboración de ideas permite conceptualizar y relacionar datos e ideas para comprender y actuar sobre la realidad. Este proceso se caracteriza por ser asociativo, es decir, permite contemplar simultáneamente datos diversos y antagónicos, dando pie a que se asocien con máxima libertad, flexibilidad y riqueza, buscando nuevas organizaciones cerebrales y sociales. Con todo lo antes sustentado, concluyo que el entorno regula la lengua y las acciones biosicosociales del individuo.