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Pensando


Adrede me sustraigo de opinar en esta marejada de dichos y decires y dimes y diretes que ha surgido dentro de nuestra clase política creando zozobra en la comunidad ciudadana ya que entre ellos están entrelazados por un aspecto u otro. Después de estos polvos vienen estos lodos. La ambición codicia desmesurada. La falta de palabra que ha sido un defecto congénito de una y otra facción son las que crean el surgimiento de gobierno fuertes como ocurrió ya en el 68 y puede ocurrir de nuevo.

No obstante leyendo en estos días en la página de opinión del 4 de julio del 2011 página 14-A del diario La Prensa un escrito muy sesudo de la abogada Querube del Carmen Henríquez, a quien no tengo el gusto de conocer y aunque no estoy de acuerdo en todos sus planteamientos lo encuentro muy oportuno y que nos pone a pensar. El artículo se titula “Los hijos de la Calle”.

No podemos negar ciertas afirmaciones que hace definiendo cuáles son “los hijos de la calle” ya que la mendicidad, delincuencia y otros vicios los encontramos en la calle y se hacen esfuerzos, pero el problema sigue. “Hijos de la Calle” que estamos viendo sobre todo en los sectores populares y más humildes de nuestro país. Los llamo “hijos de la calle” porque es la calle quien los cría y cría mal. Nacidos de padres adolescentes (y añado yo: ausentes o invisibles) que están presos, prostitutas o simplemente”; frescos”.

Estos niños son adoptados en la calle por pandillas, inculcadoras por excelencia de antivalores.” Y complemento yo con lo que últimamente aseveró el Ministro de Seguridad de que la guerrilla los secuestra y prohija y los lleva a campos de entrenamiento y así renuevan sus filas con sangre joven, sean indígenas o no. Y continúa la articulista “Y así vemos el producto final: menores de 12 y 13 con una crueldad que pareciera provenir del Maligno,asesinan a padres y madres de familia por un teléfono móvil. Y es que esos hijos de la calle crecieron en la nada: nada de valores, nada de papá y mamá, nada de temor a Dios y nada de sentido de respeto hacia la vida y los bienes ajenos. No hubo nadie que les enseñara aquello necesario para ser una persona de bien. Son víctimas del entorno y hasta de su familia (o falta de familia). Allí, en esa cabeza y en esa alma, no hay nada y en esa nada germina el caldo putrefacto de los antivalores, el juega vivo y demás. Resultado: Criaturas casi zombis, guiadas por la nada y capaces de todo, hasta de segar la vida de un inocente por un Blackberry”. Es algo que sí nos pone a pensar en el futuro.