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Pequeño miembro que enciende grande bosque

Por: Redacción 01/08/2016

En distintos ámbitos y escenarios de la vida (sea familiar, vecinal, laboral, educativo, social…) las relaciones humanas se ven afectadas por la propensión /o adicción/ de muchas personas a crear, fomentar, gozar y colectivizar el chisme. La Real Academia de la Lengua Española, indica que el significado del mencionado término es: “noticia, verdadera o falsa, con que generalmente se pretende indisponer a una (s) persona (s) con otras o se murmura de alguna”. La perniciosa práctica, ha dado lugar a enemistades, ruptura de uniones, pérdida de empleo, desprestigio de reputaciones, alteraciones emocionales, consecuencias dañinas para la salud (hasta el máximo nivel de fatalidad).

Unas de las manifestaciones que sobresalen, con gran incidencia, como ejemplos típicos, emblemáticos y fundamentales dentro de esta anómala conducta colectiva, son el acoso familiar, vecinal, escolar y laboral. Muchas personas se han dejado llevar por una (silenciosa y no declarada) campaña o apología dirigida a construir una sociedad integrada por hombres y mujeres sin respeto ni afecto natural hacia sus semejantes. Lamentablemente, además del método de “boca a oído”, contribuyen a esto los más atrayentes Medios de Comunicación Social.

Se va convirtiendo en práctica común la especulación y la descalificación en torno a situaciones o sucesos, respecto a los que no constan pruebas, raíces o motivos reales. A hacer afirmaciones categóricamente, aunque no conozcamos la génesis de lo que observamos. Se da rienda desmedida a la lengua, a tal punto que ese pequeño miembro ubicado en la boca, toma el control (en lugar de hacerlo la mente y el corazón del ser humano). Hace mucho tiempo, el libro de máxima sabiduría, describió (a través de Santiago 3 (a partir del versículo 3) este lamentable fenómeno:

3 He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.

4 Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.

5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.

7 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;

8 pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.

9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.

10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así /…/

Agrademos a Dios, buscando una ruta en contrasentido del rumbo al que se han arraigado con “gozo” muchas personas. Los errores, desaciertos, las fallas, las calamidades de nuestros semejantes, debiésemos verlos con el corazón y los ojos de Dios (con sensibilidad humana y empatía). Así, con diligencia y prudencia, decidirnos a brindar ayuda a quien la necesita.

Periodista

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