Pérdidas cuantiosas
Los enfrentamientos entre grupos indígenas y las unidades antimotines en Pacora, Veraguas y Chiriquí, en rechazo a la aprobación de las reformas al Código Minero, están dejando cuantiosas pérdidas a sectores ajenos a la disputa.
Tan solo en el caso chiricano, los cierres de calles parciales y totales han causado el cierre de negocios colindantes a los disturbios, que miles de panameños no lleguen a sus puestos de trabajo y que transportistas con cargas de leche y legumbres tengan que estacionarse a orilla de la vía, provocando que sus productos se pierdan.
La Cámara de Comercio de esa pujante región del país ha estimado en seis millones de dólares las pérdidas económicas desde que comenzó la disputa.
Lo peor de todo es que el panorama se torna oscuro, pues los choques entre ambos bandos se recrudecen cada día y a pesar de que hay amagos de sentarse a una mesa a sostener una conversación franca, las verdaderas intenciones tienen que concretarse.
En los últimos 10 días, el país ha caído en una vorágine de descontrol, donde las piedras, los palos, los insultos y las bombas lacrimógenas suenan más que las palabras.
El Gobierno tiene que afrontar de una vez por todas su decisión y no esperar que los Carnavales, a la vuelta de la esquina, disipen la ola de protestas.
