Peregrinos con alma
Somos peregrinos en una tierra de nadie, conquistada por algunos para sí, pero que no es suya. Europa misma se ha hallado alrededor de la memoria del apóstol gallego, en Santiago, a través de las diversas rutas europeístas. En su tiempo, ya Goethe apuntó que la conciencia de Europa había nacido peregrinando. Personalmente, estoy convencido de que la peregrinación a Santiago de Compostela fue uno de los elementos que favorecieron la comprensión mutua entre seres humanos venidos de todas partes a una ciudad que destaca por ser un importante núcleo de caminantes y caminos, junto con Jerusalén y Roma, al señalar la tradición de que allí se dio sepultura al citado predicador. Sabemos como el poeta y prosista español Machado que el camino no está hecho, que lo tenemos que realizar cada cual consigo mismo, porque, evidentemente, "se hace camino al andar". Además, nadie puede realizar el camino por nosotros, y es en cada uno de nosotros donde se halla la eternidad del mundo, el pasado y el porvenir.
Naturalmente, y aunque cada ser humano tiene que inventarse su propio camino, hemos de ser una gran familia, donde todos los componentes se ayuden y se sostengan entre sí. Este es el gran objetivo de los caminantes, que no van a ningún sitio y están en todas partes auxiliando; que no indican camino alguno y frecuentan todos, con el único deseo de ser humildes para abrirse a los demás. Tenemos que dejar que cada ser se ingenie su específico camino, pero también hemos de estar a su mano porque individualmente somos frágiles y todos tenemos límites.
Por desgracia, en este mundo de caminantes y caminos, de peregrinos con alma, nada es lo que parece. Junto a una galopante deshumanización, las divisiones son tan graves que todo se ha desnaturalizado y desmembrado. Si Gandhi dijo: "No hay camino para la paz, la paz es el camino", yo también expreso que la reflexión no es alimento, pero alienta; sobre todo en un momento en el que cohabitan tantas guerras silenciosas.
Tan vital como verse libre de toda miseria es que el mundo tome conciencia de que somos peregrinos con alma, que es aquello por lo que realmente cohabitamos, sentimos y maduramos. Al fin, que cada cual opte por su calzada, sabiendo que permitir una injusticia significa abrir la arteria a todas las que siguen; mientras, quien volviendo a hacer el camino viejo aprende el nuevo puede considerarse un mentor.