Periodismo, ese oficio diario
El día del periodista se festejó ayer domingo. La fecha no pudo caer mejor, justo el día en que la gente recarga energías.
Pero en el periodismo la palabra domingo no es sinónimo de descanso. Al contrario: no existen días libres y menos horarios fijos que cumplir. La realidad es caprichosa y la jornada termina siempre rozando la medianoche.
Pero el día, un día cualquiera, empieza mucho antes. Los periódicos se diagraman desde las 9 a.m. A esa hora, los editores se reúnen en torno a una mesa para discutir los asuntos que terminarán en el papel al otro día. Esa reunión, quizás el encuentro más importante, es el que “abre” el diario. Es decir: allí se decide cuál será la agenda informativa de la jornada. Eso, por supuesto, si no hay imprevistos de último momento (que siempre, claro, los hay).
Tras esa reunión, cada editor le asigna a los periodistas de su área los temas a cubrir. Desde asuntos políticos, pasando por la farándula, hasta actividades deportivas. Cada reportero, entonces, sale a la calle con su libreta.
Al mediodía la Redacción está vacía. Recién alrededor de las 3:00 p.m. la gente empieza a volver. Ya los editores están, con un ojo analizando el material que consiguió su equipo, y con el otro monitoreando si la realidad generó otra novedad.
En general, a partir de las 6:00 p.m, la Redacción vuelve a explotar de ruido y vida.
Mientras, en una nueva reunión, los editores discuten la portada del día siguiente: el título principal, la fotografía y las notas secundarias
Ya a las 9:00 p.m. la mayoría de los reportajes están completos. Sólo esperan las noticias en desarrollo.
La portada, de a poco, toma su forma final.
Ya casi al final del día, el editor de cierre, el encargado de “cerrar” el diario, vuelve una y otra vez a redactar títulos y revisar textos, dando la “puntada” final.
Es casi la medianoche cuando la rotativa se prende y se apagan las luces de la Redacción. No importa el día, ni la fecha. El diario siempre debe salir.
