Persecución excesiva de la juventud
En Panamá existe la percepción de que las personas menores de edad delinquen más que los adultos. Esto se debe a que la crítica roja cubre con mayor frecuencia y detenimiento los delitos cometidos por este segmento de la población, e incluso se llega a imputarles los delitos más impactantes. Esto ha llevado a que la población panameña pida mayor castigo para los jóvenes. Por su parte, la clase política en su afán de subir en las encuestas, está dispuesta a castigar igual, o más duro, a los adolescentes. No obstante lo anterior, las cifras en Panamá arrojan que los delitos cometidos por personas menores de edad son mínimos si se comparan con el resto de la población.
Como muestra, analicemos el delito de homicidio, que es el que mayor impacto emocional tiene sobre la sociedad. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censo (Inec) en el año 2015 se detuvieron 219 personas vinculadas a la comisión del delito de homicidio. De estas, 210 detenciones correspondían a hombres adultos, 8 detenciones de mujeres adultas y 1 detención de una persona menor de edad. De lo anterior se desprende que en el delito de homicidio se vinculó a más personas adultas que no adultos. De hecho, la cantidad de detenciones por homicidio vinculadas a personas menores de edad representan solo el 0.4% del total. Esta estadística nos demuestra que para prevenir el homicidio, a través de las instituciones del Estado, sería mejor enfocarse en las causas de los homicidios cometidos por hombres (95.8%). Incluso, habría que prestarle más atención a la prevención del homicidio cometido por mujeres (3.6%) que a los jóvenes.
Entonces, si las personas menores de edad delinquen menos, ¿por qué son etiquetadas como la principal fuente de criminalidad? Según el profesor Pedro Peñaloza, de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) esto se debe a que el objetivo final es atacar y desprestigiar a la juventud: se les persigue hasta por el delito de cara sospechosa. Esta criminalización se debe a que la juventud es un bastión resistente. Los jóvenes representan una renovación de valores y de formas de convivencia, lo que implica la transformación económica, política y social de nuestras sociedades latinoamericanas. Y esta renovación no satisface los intereses de todos los grupos que componen nuestras sociedades.
Como conclusión, si realmente se quiere desarrollar una política criminológica que enfrente el problema de la criminalidad integralmente, entonces, debemos guiarnos por métodos científicos, en los que la estadística y la rigurosidad analítica definan los lineamientos a seguir, y no la clase política guiada por la emotividad del electorado. No hay que permitir que a través del derecho penal se pretenda perseguir y castigar excesivamente a los jóvenes por los delitos que cometan.
Profesor de Derecho Penal y Criminología. Universidad de Panamá.