Pésimo mensaje
El cierre de calle por los empleados de Campos de Pesé representa un pésimo mensaje del gobierno contra la estabilidad laboral y también crea incertidumbre a la inversión privada. Se abre paso cada vez con más fuerza la puesta en marcha de la consigna del régimen varelista de tumbar todo lo que hizo el gobierno de Ricardo Martinelli. Altos funcionarios, como el director de la Caja de Seguro Social, la contralora general y empleados nombrados por la anterior administración son víctimas de la consigna desestabilizadora engendrada por el odio político que hierve en las turbias calderas del Ejecutivo y el Legislativo.
La empresa productora del biocombustible es blanco de un plan progresivo de ataques que se inició con las imputaciones de contaminación del río La Villa, siguió con la fijación de precios y desembocó en la resolución que autoriza la venta de gasolina sin etanol. Pero el pecado de la empresa extranjera es que se constituyó en el gobierno de Martinelli.
Si la empresa suspendiera definitivamente sus operaciones por las hostilidades del varelismo, puede generar una fuga de capitales de incalculables proyecciones. ¿Qué inversionistas en su sano juicio querrán exponerse a que sus actividades se obstruyan por represalias políticas de un gobierno sobre otro gobierno? ¿No advierte el gobierno varelista que el control de precios instaurado al estilo chavista ya transmitió mensajes negativos al interior y fuera de las fronteras?
La ola de ataques pistola en mano a restaurantes, hoteles, conspira contra el crecimiento del turismo y la subsistencia de las empresas aquejadas por la disminución de clientes. La seguridad se ha transformado en inseguridad general. Inseguridad jurídica de las inversiones privadas, inseguridad policial por las agresiones al orden público. Inseguridad de las normas electorales. Inseguridad por el irrespeto a los titulares de los organismos públicos. Inseguridad del sistema productivo del país y por la vulneración del sistema democrático.
Lo que Martinelli hizo en cinco años, Varela lo está deshaciendo en dos meses. Al rencor político se agregan el favoritismo hacia ciertas empresas; la ineptitud para encontrar salida a la crisis del transporte; la desaparición del ente estatal instituido para perseguir las evasiones tributarias; la insensible sordera a los clamores de los usuarios de Mi Bus, empresa a la que se premia con el fortalecimiento del monopolio del transporte.
Los productores agropecuarios han recibido un balde de agua fría con el subsidio a los molineros. Los productores reclaman que el apoyo gubernamental provenga del estudio general de la crisis agropecuaria y no de subsidios particulares. La carencia de la visión general del sistema económico es una de las tantas debilidades del panameñismo, que solo ve el árbol, pero no el bosque completo.
La salida al mercado de valores panameños por 10 mil millones de dólares y la elevación al 3% del déficit presupuestal reflejan la rotunda incapacidad para manejar la situación hacendaria. La deuda externa se elevará en $10 mil millones para comprar aparatos sanitarios, financiar subsidios cuando bajan los ingresos fiscales.
El pueblo está gobernado por un régimen de contradicciones de todo tipo. Tapa un forado fiscal con los subsidios, y abre hoyos más grandes.