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Petróleo y política


REDACCION / PANAMA AMERICA

Durante el gobierno dictatorial del general Marcos Pérez Jiménez, se entregaron nuevas concesiones petroleras en junio de 1956. Fueron ocho bloques de 80 mil hectáreas otorgados uno a la Schell, uno a la Creole, cuatro a la Mene Grande, uno al grupo de Hancock Oil, Signal Oil and Gas, y otro a la Sun Oil asociada a Atlantic Refining. Por entonces, Schell, Creole y Mene Grande controlaban más del 90% de la producción.

Parecía que había llegado a la cúspide la orgía de explotaciones petroleras extranjeras llevada al paroxismo por el régimen de Juan Vicente Gómez cuando tres acorazados norteamericanos -el Maine, el Des Moine y el North Caroline- arribaron a La Guaira y obligaron a pagar indemnizaciones y entregar nuevas concesiones.

Cuando en 1945, Acción Democrática llegó al poder los ingresos petroleros sumaban el 53% de los gastos presupuestales y luego subieron al 60%. La asimetría entre las ganancias de las empresas extranjeras y los ingresos derivados por pagos de impuestos a las empresas se alteró con la puesta en práctica de la política de nacionalización progresiva de Acción Democrática con el impulso de la fundación de la OPEP.

Pertenece al patrimonio ideológico de Acción Democrática la administración estatal soberana del petróleo y este hecho histórico no puede borrarse de un día para otro en medio de la estridente fanfarria demagógica de los que pretenden atribuirse la inspiración y ejecución de la nacionalización del petróleo, encallando al país como dependiente de la monoproducción.

Rómulo Betancourt advirtió con lucidez clarividente las consecuencias de la monoproducción petrolera en Venezuela, política y petróleo: “Venezuela, como se ha advertido con insistencia machacona en este trabajo, ha sufrido una peligrosa distorsión de su economía a consecuencia del auge del petróleo.

Y con el añadido de ser capitales foráneos los que manipulan esa producción, movedizo cimiento sobre el cual se alza la estructura, tan ostentosa como vulnerable, de la economía y el Fisco. Conscientes de su dramática realidad, patrióticamente empeñados en modificarla, iniciamos una rectificación de los rumbos que venía siguiendo el país. Nos propusimos detenerlo en el despeñadero por donde iba deslizándose hacia la condición de semicolonia minera, de factoría petrolera.

Los dos correctivos que se comenzaron a aplicar fueron los de acrecer la participación del país en su riqueza del subsuelo, llevándola a límites razonables; y el de la reinversión de una parte considerable de los ingresos del petróleo en el desarrollo de una economía propia, diversificada; y en proteger y educar a los venezolanos”.

Las frases de Betancourt tienen un sentido profético. Antes del golpe militar de 1948, vaticinó las nefastas consecuencias del despilfarro de los ingresos petrolíferos sin pensar que se podría llegar a la desmesura de financiar a regímenes totalitarios que sobreviven por la interesada filantropía de otros gobiernos de la misma calaña; y no en la diversificación de los abundantes recursos. El día que se conozca, con técnicas de auditoría científica, en qué se gastaron los ingresos de todos los venezolanos, se confirmarán los presagios de Betancourt, conocedor implacable de las dictaduras.

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Viernes 14 de agosto de 2026