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Planeta con fiebre


El sistema económico que generó la crisis no puede ser el mismo que nos saque de ella. Usando una expresión que ya hemos utilizado en otras ocasiones: intentando limar los dientes al lobo, se cree quitarle la ferocidad, en la ilusión de que ésta reside en los dientes y no en la naturaleza del propio lobo. La lógica de la economía dominante, que tiene como objetivo el crecimiento y el aumento del PIB, implica la dominación de la naturaleza.

Debemos desarrollar y aplicar con imaginación la visión de un modo de vida sostenible, a nivel local, nacional, regional y global”. Este propósito no se ha hecho presente en ninguna cumbre del clima. Predomina en ellas la convicción de que la crisis de la Tierra es coyuntural y no estructural y que puede ser afrontada con el arsenal de medios de que dispone el sistema, con acuerdos entre jefes de Estado y empresarios, cuando toda la comunidad mundial debería implicarse.

La referencia de base no es la Tierra como un todo, sino los estados-naciones, cada cual con sus intereses particulares, regidos por la lógica del individualismo y no por la de la cooperación y la interconexión de todos con todos, exigida por el carácter global del problema. En la conciencia colectiva todavía no se ha afirmado el hecho de que el Planeta es pequeño, tiene recursos limitados, se encuentra superpoblado, contaminado, empobrecido y enfermo.

No se habla de la deuda ecológica. No se toma en serio la crisis ecológica generalizada que es más que el calentamiento global. No son suficientes la adaptación y la mitigación sin dar centralidad a la grave injusticia social mundial, a los masivos flujos migratorios que ya han alcanzado la cifra de 60 millones de personas, a la destrucción de economías frágiles con el aumento en muchos millones de pobres y hambrientos, a la violación del derecho a la seguridad alimentaria y a la salud. Falta articular la justicia social con la justicia ecológica.

La Tierra es sujeto de derechos y merecedora de respeto y de veneración. Si la humanidad no se encuentra en torno a algunos valores mínimos como la sostenibilidad, la responsabilidad colectiva, la cooperación y la compasión, podríamos acercarnos a un abismo abierto delante de nosotros.

ccs@solidarios.org.es