Planificación educativa
La organización de la vida implica una búsqueda tanto de los medios como de los fines hacia los cuales debe dirigirse la existencia. Téngase, entonces, bien en cuenta que, al plantear el asunto de las metas específicas de la planificación educativa, lo que en el fondo se está examinando es el considerable problema de los fines del hombre y de la sociedad humana. Ahora bien, ¿en qué consiste la planificación? Si bien se mira, planificar equivale a pensar, racionalizar, conceptualizar, organizar, proyectar la vida y, por ende, la educación.
Se vive una existencia organizada, vale decir, planificada, o se actúa en un mundo sin plan; esto es, a la deriva, con su diversa carga de irracionalidad y capricho. La opción parece ser inevitable entre el comportamiento guiado desde el punto de vista de la inteligencia, o bien, de la tradición y del instinto.
Cuando se nos habla de una “planificación educativa” hay que entenderlo como una invitación a pensar, a reflexionar sobre la propia experiencia, la escuela y la vida del país. Y, por cierto, se trata de un “pensamiento vivo”, de una actitud de “pensar con las manos”, en un trato directo con las cosas de nuestra propia realidad nacional; no de un conjunto de esquemas muertos --utopías ni simplificaciones geométricas--, que se quieren aplicar pasivamente como otro sistema de pasos formales que mecanicen lo vital de la tarea.
TODA PLANIFICACIÓN EDUCATIVA IMPLICA LA DECLARACIÓN DE UNA FE FILOSÓFICA. HAY, ADEMÁS, UNA ESTRICTA CORRELACIÓN ENTRE LA CONCEPCIÓN HUMANISTA DE LA VIDA Y LA FILOSOFÍA DE LA DEMOCRACIA. AMBAS SON IDEAS DINÁMICAS.
La tarea de “pensar la vida”, en sus fundamentos últimos, tiene un nombre ilustre en la historia de la cultura occidental. Se llama filosofía. Y en este orden de consideraciones, ella aparece como inseparable de la educación. De manera que ha podido decirse que la filosofía es la teoría de la educación y la educación la práctica de la filosofía.
Las escuelas, en todos sus niveles, deben considerarse como instrumentos para la realización de una determinada concepción de la vida. Planificar su multiplicidad, anarquía y discrepancias equivale ponerla al servicio de una filosofía. Por lo tanto, toda planificación educativa implica la declaración de una fe filosófica. Hay, además, una estricta correlación entre la concepción humanista de la vida y la filosofía de la democracia. Ambas son ideas dinámicas, que no se estabilizan en estructuras definitivas --no son, sino que devienen--; de modo que no es posible confundir las formas en que transitoriamente se cumplen con su espíritu de libre crecimiento y persistente realización del hombre. El punto de partida de la reflexión es el honrado reconocimiento de que nos hallamos comprometidos en el centro de una realidad confusa, heterogénea y contradictoria.
La realidad panameña, que hemos llamado múltiple, heterogénea, confusa y contradictoria, plantea una serie de interrogantes y desafíos a la planificación de la educación nacional. Entre otros, debemos señalar el desafío que nos plantea cierta persistente incapacidad para el ejercicio de la democracia. La formación del ciudadano apto para entender la vida del país y capaz de usar responsablemente de su libertad afecta a todos los niveles educativos y constituye el fondo de una educación moral y cívica que no ha sido abordada en su verdadero sentido actual. Es uno de los retos a la reconstrucción de los planes de estudios y reorganización de todas las escuelas como verdaderos y estimulantes ambientes morales.
Anotemos, finalmente, como ejemplo la curiosa ineptitud para pensar las condiciones de nuestra propia vida y realidad panameña. Se trata de uno de los más graves desafíos a la didáctica. ¿Qué hacer para que la enseñanza de las letras, de las ciencias y las técnicas no sea una instrucción verbal, sin eficacia sobre el crecimiento de la inteligencia de nuestros alumnos? ¿Qué hacer para incorporar efectivamente una civilización de traspaso? La teoría camina por un lado y la auténtica realidad por otro. La incapacidad para pensar los problemas urgentes de nuestro propio mundo: he aquí un gran desafío a la planificación educativa en organización escolar, técnicas de enseñanzas y contenidos de los planes y programas de estudio.
La planificación educativa implica, pues, antes que nada, una toma de conciencia de nuestra específica realidad panameña en su complejidad, heterogeneidad y contradicciones.