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Planificación y política educativa

Por: Redacción 10/04/2017

 

En el proceso de planificación y política educativa nos encontramos con una serie de cuestiones de importancia básica que, en la discusión acerca de lo que es educación, siempre son presentadas de nuevo por parte de personas de la más diversa opinión. Analicemos, en primer lugar, los objetivos como criterios de planificación y política educativa. He aquí la cuestión de los criterios sobre los objetivos a alcanzar en educación. Se ha comprobado lo dudoso que es el criterio que se rige por la mera rentabilidad de la educación y formación.

Como norma utilizable más bien podría servir un catálogo de valores aceptado por todos los representantes de nuestra sociedad pluralista establecido mediante una ley orgánica. Tales valores --como, por ejemplo, justicia, honradez, emancipación-- habrían de ser formulados primeramente como objetivos de la educación y luego compaginados con los resultados estadísticos y aspectos económicos de la planificación, antes de que pasaran a formar parte de una planificación concreta de la educación.

De esta manera, la "justicia" vendría a significar concretamente como objetivo: garantizar a cada uno igualdad de oportunidades, no privilegiar ni perjudicar a nadie, superar los prejuicios. Mucho más difícil sería transponer la "honradez" a los objetivos correspondientes: educación hacia la veracidad, probidad y autenticidad en una sociedad en la que la propaganda miente, la "habilidad comercial" viene a designar casi todo tipo de prácticas y todos los productos son producidos con vistas a un rápido deterioro.

La "mayoría de edad" tiene al menos un aspecto social (capacidad de responder a las obligaciones sociales), profesional (capacidad de existencia), ideológico (facultad de exponer puntos de vista) y político (capacidad de decisión). La "mayoría de edad" tiene al menos un aspecto social (capacidad de responder a las obligaciones sociales), profesional (capacidad de existencia), ideológico (facultad de exponer su punto de vista) y político (capacidad de decisión). Estos pocos ejemplos bastan para mostrar que la planificación educativa no puede tener éxito como proceso aislado, sino solamente como nueva orientación que abarque todo el conjunto social.

Igualdad de oportunidades significa una mayor ayuda social y político-educativa para la clase popular; la supresión de prejuicios se logra solo a base de una labor dirigida a través de los medios de comunicación de masas; educación para la veracidad, probidad y autenticidad significa una revisión de nuestro comportamiento en la economía y comercio; los diversos aspectos de la mayoría de edad exigen inversiones más elevadas en instituciones sociales, escuelas y centros de formación, mayor libertad para la iniciativa privada y política.

El postulado más importante con que ha de cumplir una moderna planificación de la educación, es tomar en consideración la igualdad de oportunidades para todas las clases sociales. Un criterio para la justicia social en la política educativa son los gastos materiales que el Estado invierte en la educación de alumnos discapacitados.

En resumen, solo la inclusión de una nueva orientación, que abarque todo el complejo social, en la planificación educativa y en las decisiones político-educativas puede llevarnos a una solución: a una reducción de la presión en el rendimiento y del pensar en categorías de prestigio, a una menor coacción al consumo, a una reducción del mal empleo del presupuesto, a una mayor tranquilidad y salud física y psíquica, a una mayor congestión y autodecisión y, en pocas palabras, a una existencia más humana.

*Pedagogo, escritor, diplomático.

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Miércoles 15 de julio de 2026