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¡Planificar es la palabra de orden!


Amenudo se escucha decir, que son muchos los errores y fallas que se dan en la administración pública; que todo se debe a la “improvisación”; es decir, a la falta de una bien concebida “planificación estatal”. Cumplido ya el primer año de la actual Administración, los errores cometidos se le atribuyen a la desarticulación que prevalece entre los distintos órganos y entidades del Estado. Todavía no se sabe de un posible “Pan de desarrollo nacional”, elaborado por el Gobierno del Cambio.

No obstante, ¡planificar es la palabra de orden! Buscar las fuentes de los males que conducen al desajuste para encontrar una solución que tienda a eliminar desde su raíz todo motivo de perturbación. Ordenar, sistematizar las actividades del Estado y de la población dentro de un marco en el cual cada sector de actividad tenga asignada una función y cada cosa esté destinada a una determinada necesidad colectiva. Proveer para el futuro en una forma consciente y deliberada, pero partiendo de un presente de realidades compulsadas, cuidadosamente estudiadas.

A nuestro juicio, planificar con libertad o para la libertad es la tarea que corresponde realizar a políticos y estadistas, educadores y economistas en nuestro Continente y en nuestras naciones, donde la economía, la educación y todas las formas de actividad de la vida social, si continúan desarticuladas nos conducirán al desastre. Ordenar los gastos, discriminar las inversiones, señalar las necesidades, promover nuevas actividades productoras, rescatar algunas fuentes de riqueza, incluso para aprovecharlas mejor y en beneficios de los más.

Nos interesa, sobre todo, determinar que necesariamente la adopción de un plan económico o social no implica aniquilamiento de la libertad, como algunos creen, sino que ésta podrá aun sentirse reforzada en algunos aspectos, cuando, alcanzando a todos los beneficios del plan, hace más felices a los hombres y mujeres y contribuye mejor a la seguridad de éstos. Pensamos con Mannheim, que “planificación conduce a la extensión de la democracia en el sentido de una igualdad fundamental”. Entiende este autor que la “sociedad puede ser planificada en forma de una jerarquía lo mismo que en forma de una democracia”. Deducimos de ello que planificación y democracia no son compatibles sino complementarias. Vale decir, el antiguo ideal de la libertad solo puede alcanzarse mediante la técnica de planificar para la libertad.

Pero no es nuestro propósito hablar aquí de planes en forma abstracta sino plantear, especialmente, los problemas inherentes a la “planificación integral de la educación”, como parte importante del plan general que se trace la Nación panameña. Y es que tenemos la firme convicción de que en la obra de planificación social y económica, la educación del pueblo debe ocupar lugar destacado y preferente, porque es mediante esa actividad como se forma la conciencia del pueblo. ¡Saludamos a los abogados panameños en su día!