Plata por aquí, plata por allá
Este país parece tener mil chistes guardados. Para algunas cosas es sumamente serio, pero otras pasan a la ridiculez. Por ejemplo esta semana atestiguamos como un adversario de la ex procuradora le ganó el mandado al pagar la multa que la exime de cárcel. Con esto, esfumó la vigencia que tendría la campaña real a real en la opinión publica, y de paso su presencia en los medios. Nadie sabe de dónde provino el dinero para este propósito, así como tampoco la plata que repartió como piñata el presidente Martinelli a organizaciones sin fines de lucro. Delicadísimo este último punto. Dirían los mal pensados que detrás de esta supuesta “dádiva” pudiera esconderse un interés muy puntual. Quiero pensar que el Presidente tuvo otras razones más poderosas para aceptar la plata y repartirla, pues, en mente sana una empresa con motivos filantrópicos no necesita a un intermediario como el primer mandatario para activar sus buenos deseos.
Este hecho, con la información aparecida en los medios y las declaraciones del propio jefe de Estado, requiere de una aclaración mas profunda, pues pone en duda la integridad de la figura presidencial, la transparencia, la seguridad jurídica de sus competidores, y ni hablar del antecedente que siembra en el resto de los presentes y futuros inversionistas.
Ojo, es muy posible que este tipo de conductas se hayan repetido, y con frecuencia, en mandatos anteriores, no por eso dejan de ser igualmente reprobables. La diferencia es que Martinelli al menos lo hace público, y no deja de sorprendernos.
Sin embargo, se hace necesaria una explicación profunda del propio mandatario sobre dicha “donación” en honor a la verdad y la institucionalidad nacional.
