'Plus ça change, plus c'est la même chose'

Por: Redacción 05/08/2017

En el tema de desarrollo de productos turísticos, frecuentemente lo que es viejo se hace nuevo y lo que palpamos como innovador siempre estuvo allí, frente a nuestros ojos. En momentos de afrontar una crisis como la que vivimos en el turismo istmeño, se hace evidente la necesidad de un ordenamiento de prioridades por parte de las autoridades para hacer nuevamente fluir un movimiento positivo y multiplicador en las cifras de turistas que eligen el destino Panamá. El principio fundamental en el desarrollo de productos turísticos es que cada comunidad tiene una historia propia que contar, solo que no la hemos descubierto. Vemos así, por ejemplo, cómo Costa Rica ha exitosamente impulsado su turismo a través de su ecología, de su verdor y exuberancia. Aquí contamos con lo mismo y más, pero no lo hemos sabido explotar. Más que inventar costosas campañas, bastaría con realzar la potentísima forma en que el diario "The New York Times" nos describe: "an embarrassment of natural beauty" (una vergüenza de belleza natural) para utilizar positivamente un prestigioso medio de comunicación de ellos, para crear inmediata aceptación al concepto y un flujo importante de visitantes norteños, que buscan con pasión alejarse de los tranques y las cárceles de concreto para intimar con la naturaleza. Cuando en el siglo pasado existían solamente el hotel El Panamá, el Continental, Holiday Inn Paitilla y La Siesta como poco más o menos las únicas opciones de albergue capitalino, ahora contamos con cientos de hoteles, residenciales y las noveles opciones que fluyen a través de Airbnb. No pensamos al momento de implementar las nuevas leyes de incentivos fiscales cómo estos alojamientos se iban a ocupar.

Hagamos borrón y cuenta nueva sobre el temario del turismo ecológico. Sí, está bien, llenamos todos los requisitos, pero si volvemos al caso de Costa Rica, los turistas llegan a San José y de allí se desplazan a provincias. Ese turismo ecológico no llena los hoteles capitalinos. Si impulsamos una estrategia similar, ayudaría a enrumbar el turismo provincial, que tanta falta hace, pero no resuelve el serio problema de ciudad de Panamá y sus alicaídos hoteles.

Entonces ¿cuál es la solución? Algunos han planteado el centro de convenciones. Convertir a Panamá en Las Vegas es un sueño de borrachos. Sé quién eres, no seas lo que no eres. Otros nos plantean la construcción de un Disney World panameño. Cada comunidad tiene una historia propia que contar, solo que no la hemos descubierto. No somos tampoco Orlando. Sandeces norteñas, bien rentables, pero no autóctonas. Lo que eras antes, muy bien puede ser en lo que te conviertas mañana. Con todo el respeto que se merecen nuestros vecinos y la región, Panamá goza de una historia única, irrepetible en otras latitudes. Empecemos con que fue aquí que se hizo el descubrimiento más importante en la historia. Sobre la cima del cerro Pechito Parao en 1513, Balboa visualiza la majestuosidad del golfo de San Miguel, abriendo la escotilla al comercio mundial.

Reconstruyendo Panamá Viejo, dotándole de un galeón, que sirva como su mejor restaurante, una ciudad colonial con caballos y carretas, hoteles de 7 estrellas de la época, reponiendo el Camino Real, la Ruta del Oro, donde ha circulado la mayor cantidad del preciado metal en la historia del mundo, hasta Portobelo, recreando así un camino histórico que no tiene que pedirle favores a Santiago de Compostela, complementando la oferta de un Casco Antiguo segundón, entonces sí apostamos a que se llenen los hoteles y cada albergue capitalino. Y eso no lo puede hacer Costa Rica ni nadie más. Es la historia escondida detrás de lo obvio, esa que está a punto de cumplir 500 años. ¡"Plus ça change, plus c'est la même chose"!

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