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Población, cultura y convivencia política

Por: Redacción 11/07/2015

La idea aristotélica de que "el instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro", me ha dado pie a dar fundamento a este artículo periodístico. A veces uno se sorprende hasta de que pueda existir y cohabitar en ese proceso, pero realmente es la vida la que da vida o la que nos dona luz, es decir, sabiduría para dar prolongación histórica a un modo de pensar y de hallarse. No olvidemos, que al igual que los individuos, los pueblos nacen y mueren, pero la población persiste sobre el planeta, permanece como secuencia de la propia especie en el tiempo, a pesar de las muchas contrariedades que nos degradan la savia. Creo que ha llegado la hora de reflexionar sobre tan importante cuestión de persistencia y permanencia. Sería saludable, pues, que coincidiendo con el Día Mundial de la Población (11 de julio), nos replanteáramos cuestiones que son básicas para que la cadena, tanto de convivencia como de existencia, no se tambalee o se rompa.

Un problema, particularmente grave hoy en día, es el de la calidad del agua disponible, si nos atenemos a las muchas muertes producidas. Además, la vida en los ríos, lagos, mares y océanos, que alimentan a gran parte de los humanos, mal que nos pese, aparte de verse afectada por el descontrol y el despilfarro en la extracción de los recursos pesqueros, también sufre una gran contaminación.

Es imperioso promover una economía al servicio de toda la población mundial, así como activar una sana política, capaz de poner las instituciones al servicio de los ciudadanos, para superar presiones o cualquier otro síntoma de corrupción. Por eso, los obispos de Nueva Zelanda se preguntaron qué significa el mandamiento "no matarás" cuando "un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir".

Tema grave, gravísimo, y aunque puedan parecernos palabras densas y fuertes, la crueldad radica en dejar que la desesperación de algunos no cese jamás en vida, mientras otros, hasta por divertimento, lo derrochen todo, sin importarles para nada el bien colectivo, adueñándose del planeta como si fuera exclusivo de los poderosos, obviando muchos gobiernos el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, cuando deberíamos responder eficazmente ante cualquier violación.

Hace falta, por tanto, que la población vuelva a sentir que todos somos parte de un todo, que tenemos una responsabilidad de poner orden en nuestras existencias. En definitiva, lo que le ha pasado a nuestra población es que su retroceso está ahí, más allá de la crisis financiera; y, lo nefasto del momento, es no ir al corazón del problema, que radica en el desprecio por algunos seres humanos (los marginados) y en el menoscabo de buena parte del hábitat; a la que, por cierto, ya le cuesta seguir la secuencia de vivir y dejar vivir.

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Viernes 31 de julio de 2026

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