Pobre elección
La capacidad de convocatoria política en su partido constituye un requisito elemental para medir las posibilidades reales ante eventos electorales. Si no obtiene el respaldo de sus correligionarios en las elecciones primarias resultará difícil, si no imposible, que lo alcance en los comicios abiertos donde votan no solo los de su membresía. Esta es la conclusión objetiva de las primarias del PRD. Siete de cada diez militantes acreditados no acudió a las urnas y solo tres participaron en el sufragio interno para elegir al candidato presidencial Juan Carlos Navarro. En el análisis de la indigencia electoral del candidato debe agregarse que como secretario general tuvo bajo control la organización de la maquinaria política de la consulta, distribuyó sus fichas y revisó cada detalle.
Asimismo, por la débil capacidad de convocatoria de sus ficticios rivales, en el mismo PRD se anota la inexistencia de competidores que lo presentaron como candidato único. Por otro lado, la promoción publicitaria del candidato fue notoriamente narcisista, concentrada en su biografía, por la pobreza de méritos políticos, elementos básicos para lograr adhesión a un programa y no a una persona.
La inconsistencia política de las primarias ya alarmó a los dirigentes de la vieja guardia, que no simpatizan con el candidato, y motivó que propongan, 24 horas después de la elección, la alianza con el panameñismo para salvar la cara del PRD en las elecciones del año próximo. Una alianza contra natura que también, angustiada y desesperadamente, los enemigos históricos del PRD buscan como remedio anticipado.
Olvidan que dos enanos no hacen un gigante político. Juntos o separados se preparan para recibir una gran paliza electoral por la orfandad de sus programas, por la inocuidad de sus antecedentes de ineficacia y componendas, que no convencen a los electores que votan por las obras realizadas y no por un carné de partido.
Las candidaturas presidenciales basadas en el control interno del partido y la eliminación de contrincantes están degradando los comicios internos. La caricaturización de las elecciones primarias no tiene diferencias con los métodos políticos de la patria boba en las que un grupito de señorones elegía los candidatos a dedo.
Ahora lo que se hace es ganar la secretaría general o la presidencia del partido para manipular la candidatura única, desde una posición autocrática que tuerce brazos y ahuyenta a los rivales de peso. Los gruesos brochazos de pintura electoralista no ocultan la fatídica fisonomía del “dedazo” antidemocrático.
Tales políticos engañan a su gente, y ellos mismos se autoengañan, levantando plataformas electorales carcomidas por los comejenes del pasado. En las encuestas ninguno llega al tercio de los encuestados. Todo esto refleja el escepticismo por los políticos de viejo cuño, o de los que se presentan como renovadores, pero usan los rejuegos de la politiquería barnizada.
Panamá ha cambiado, pero ellos no cambian. Se resisten a aceptar que la hora presente marca la diferencia puntual entre ganar elecciones por la vía de la persuasión de las obras y no por la imposición de los [B]slogans[/B]planeados por la esterilidad de las promesas y los pactos seudoéticos.