Pobres y desesperanzados
Nuestra nación vive un auge económico envidiable a nivel internacional, sobresaliendo entre los países latinoamericanos en los últimos años, a la par de Chile y México; y ha obtenido altos grados de inversión, de acuerdo con las calificadoras internacionales. Todo ello definido como una gran bonanza económica que, en teoría, debe alcanzar a todos los pobladores.
Sin embargo, al mirar nuestros barrios marginales, nuestros pueblos indígenas, e incluso poblaciones de nuestra campiña interiorana, nos permite concluir que el desarrollo y la prosperidad no están viéndose reflejados en cada uno de los hogares panameños; siendo que existen múltiples familias que no tienen las tres comidas al día; dado que si desayunan no almuerzan, y si almuerzan se acuestan sin cenar. Aunado a ello, el costo de la canasta básica familiar, que cada día aumenta.
Todos factores que no les da la oportunidad a los padres de familia de alimentar en debida forma a sus hijos, teniendo esto incidencia directa en problemas en la educación (fracasos escolares, deserciones ), lo cual nos lleva a un círculo vicioso, toda vez que aquellos desertores estudiantiles van a buscar en la calle lo que no tienen en sus hogares, culminando en problemas de delincuencia.
Nuestros gobernantes deben, urgentemente, pensar en la necesidad de desarrollar planes asistenciales dirigidos a mejorar la calidad de vida de los conciudadanos que menos tienen, no diciendo con ello que entregando dinero directamente se logre el objetivo. No hay que repartir el pescado, sino enseñarles a pescar, y a su vez brindarles las herramientas para hacerlo. El actual gobierno, con los programas 100 a los 70 y Red de Oportunidades, ha pretendido ayudar de modo directo a un determinado sector de la sociedad; sin embargo, es necesario que se inicien proyectos en aquellos lugares en donde la pobreza rampante se está convirtiendo en el mal que acecha a nuestra sociedad.
Busquemos de alguna manera disminuir el costo de la canasta básica; alimentemos a nuestros estudiantes otorgándoles un desayuno o almuerzo en los centros escolares, planes para el desarrollo de centros parvularios, a fin de que los padres de familia puedan tener un lugar al que llevar a sus hijos mientras trabajan, es decir, el desarrollo directo de programas para mejorar condiciones sociales.
Se deben buscar remedios para enfrentar la pobreza y sus consecuencias; y siendo que en el tiempo habrá sectores de la población en esta precaria situación es preciso que el Estado intervenga para extraer recursos de las personas con altos ingresos para redistribuirlos entre los más necesitados.
Abogado.
