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Poder latino

Por: Redacción 23/11/2014

La legalización de cinco millones de latinos a través del decreto del presidente Barack Obama fortalecerá mucho más su presencia económica, cultural y política en Estados Unidos. Los trabajadores mexicanos, centroamericanos y latinoamericanos en general pasarán de la clandestinidad laboral y tributaria a la formalización legal de su aporte como contribuyentes y mano de obra agrícola e industrial. Ahora pagarán impuestos adecuados a los porcentajes reales de sus ingresos.

Las estadísticas extraoficiales demostraron, antes del decreto de legalización, los importantes aportes de la mano de obra de origen latino al PIB norteamericano, tanto por la cuantía laboral como por su capacidad de producción y consumo. Se crearon industrias de tortillas y burritos para atender los gustos alimenticios de más de cinco millones de hispanohablantes.

Miles de restaurantes de comida latina se distribuyen por la geografía norteamericana. Canales de televisión, radioemisoras, diarios, revistas, libros en español, informan y entretienen a las colonias latinoamericanas. La cultura latinoamericana se ha abierto espacio con cimientos sólidos. La religión católica, con sus cultos y ritos peculiares de festividades, matrimonios, bautizos, procesiones, estimula el fervor espiritual y la solidaridad social en un país necesitado de fortalezas morales.

La concepción de la estructura social latina se basa en enlaces perdurables entre padres, hijos, tíos, sobrinos compadres, padrinos, que se han disociado en la sociedad anglosajona y que son un ejemplo para mitigar los estragos de las separaciones familiares tempranas.

Los votantes latinos ya pesan en elecciones estatales y federales. La influencia se va a incrementar en comicios futuros. Para que las votaciones puedan ser compartidas por demócratas y republicanos, estos deben morigerar o desvanecer su oposición a la legalización de los emigrantes. No deben interpretar el decreto como una maniobra política del presidente demócrata, tras perder las elecciones de legisladores y gobernadores de medio término, sino como el reconocimiento de hecho y derecho de millones de trabajadores que llegaron a las tierras de sus antepasados, no como un gesto de recuperación, sino para establecerse en forma honrada y estable.

Presidentes republicanos como Ronald Reagan y George Bush padre apoyaron a los residentes latinos. Sin embargo, la simpatía debe traducirse en hechos importantes como los de Obama. Estados Unidos debe tener presente el origen de su fundación histórica como consecuencia de una oleada de inmigrantes europeos. Llegaron a las costas norteamericanas huyendo de las persecuciones de fanáticos religiosos opuestos a sus cultos y para labrar mejores condiciones de vida.

Millones de irlandeses, italianos, alemanes, judíos de Europa Oriental arribaron como los mexicanos, guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, aunque en distintas condiciones y circunstancias por nuevas disposiciones migratorias. Los europeos llegaron por el mar. Los latinos, por tierra, cruzando ríos, desiertos tórridos, montañas escarpadas. El sueño americano les promete transformar su existencia, por lo que arriesgan muchas veces la vida para radicarse en California, Texas, Arizona o Nuevo México, guiados por un extraño tropismo humano que alienta el restablecimiento en tierras otrora mexicanas, aunque sin fines reivindicativos.

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