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Policía Nacional, crisis y posibles soluciones

Por: Redacción 19/06/2017

Dedicar tiempo al fracaso gubernamental sin buscar alternativas para los problemas que enfrenta la nación es el ejercicio propio de aquellos que requieren la anarquía para sustentar sus negociados y prebendas.

Desde niño me acostumbré a interactuar con los hombres toscos de la Guardia Nacional, sus expresiones siempre giraron en torno a que ellos eran “la razón de la existencia del país”, todo lo anterior era malo: los políticos y sus constantes trifulcas públicas, latrocinio, etc. ¿En qué quedó convertido este método de análisis de la realidad nacional?, simplemente en fangosa mentira, los impolutos militares y sus arlequines acabaron siendo un peligro para el país y la región, eso nos trajo una invasión funesta.

Los mimos del siglo XXI pretenden volver a engatusarnos con sus proclamas absurdas, se cambiaron el uniforme, pero no las andanzas. Todo lo intentan justificar, como si se tratara de un torneo de popularidad y no de la seguridad de los panameños.

La Policía Nacional se encuentra sumida en el estiércol de la corrupción colaborando con carteles mexicanos de la droga y el crimen en sus diversas manifestaciones.

Sus directivos prefieren ordenar que informar; mandar, así sea contra la Constitución y leyes, que afianzarse en ellas para depurar. Apuestan al sometimiento por cansancio. Se protegen sus fechorías y se sirven de sus uniformes y bravuconerías para someter a la oficialidad que los relevará. Han optado por introducirles en los vericuetos de los Zetas y de los del Golfo. Todos sabemos a qué condujo a México esta ruta macabra.

Las soluciones no son fáciles, pues se requiere de una mano firme y de estadista, pero Varela no la tiene ni lo es. Su gobierno se resume en la palabra “negociados”. Suena duro, pero es la realidad. Crisis y caos.

Las clases y tropas (en la jerga militar) se muestran cada vez más ansiosas y decepcionadas. Saben qué pasa, pero temen accionar institucionalmente, ya que el mando de la fuerza oprime a la justeza de la honorabilidad. Esto puede acabar muy mal, por eso hay que procurar un cambio en los mandos directivos indoloro y este comienza por la renuncia de varios de ellos y el respeto a la antigüedad, dejar de ascender a los pacieros y refrenar el desempeño de los demás.

Resuelto esto, deberá definirse un cronograma de acción con fundamento en la novedosa realidad de la criminalidad. Debe saberse que a la Policía Nacional el crimen organizado no la respeta porque la siente parte de su organización y colaboradora eficaz en sus tareas.

Nuestra fuerza pública atraviesa el peor escenario previsible si no se producen las soluciones inmediata y oportunamente, cosecharemos muertos, heridos y delitos en cada rincón de nuestra geografía. No temamos a esta transformación, sino al estado de inacción y perjuicios que vivimos. Seamos República, no colonia de los malhechores. Es tiempo ya de editorializar progreso y no desgracias.

Abogado

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