Policía Nacional, crisis y posibles soluciones
Dedicar tiempo al fracaso gubernamental sin buscar alternativas para los problemas que enfrenta la nación es el ejercicio propio de aquellos que requieren la anarquía para sustentar sus negociados y prebendas.
Desde niño me acostumbré a interactuar con los hombres toscos de la Guardia Nacional, sus expresiones siempre giraron en torno a que ellos eran “la razón de la existencia del país”, todo lo anterior era malo: los políticos y sus constantes trifulcas públicas, latrocinio, etc. ¿En qué quedó convertido este método de análisis de la realidad nacional?, simplemente en fangosa mentira, los impolutos militares y sus arlequines acabaron siendo un peligro para el país y la región, eso nos trajo una invasión funesta.
Los mimos del siglo XXI pretenden volver a engatusarnos con sus proclamas absurdas, se cambiaron el uniforme, pero no las andanzas. Todo lo intentan justificar, como si se tratara de un torneo de popularidad y no de la seguridad de los panameños.
La Policía Nacional se encuentra sumida en el estiércol de la corrupción colaborando con carteles mexicanos de la droga y el crimen en sus diversas manifestaciones.
Sus directivos prefieren ordenar que informar; mandar, así sea contra la Constitución y leyes, que afianzarse en ellas para depurar. Apuestan al sometimiento por cansancio. Se protegen sus fechorías y se sirven de sus uniformes y bravuconerías para someter a la oficialidad que los relevará. Han optado por introducirles en los vericuetos de los Zetas y de los del Golfo. Todos sabemos a qué condujo a México esta ruta macabra.
Las soluciones no son fáciles, pues se requiere de una mano firme y de estadista, pero Varela no la tiene ni lo es. Su gobierno se resume en la palabra “negociados”. Suena duro, pero es la realidad. Crisis y caos.
Las clases y tropas (en la jerga militar) se muestran cada vez más ansiosas y decepcionadas. Saben qué pasa, pero temen accionar institucionalmente, ya que el mando de la fuerza oprime a la justeza de la honorabilidad. Esto puede acabar muy mal, por eso hay que procurar un cambio en los mandos directivos indoloro y este comienza por la renuncia de varios de ellos y el respeto a la antigüedad, dejar de ascender a los pacieros y refrenar el desempeño de los demás.
Resuelto esto, deberá definirse un cronograma de acción con fundamento en la novedosa realidad de la criminalidad. Debe saberse que a la Policía Nacional el crimen organizado no la respeta porque la siente parte de su organización y colaboradora eficaz en sus tareas.
Nuestra fuerza pública atraviesa el peor escenario previsible si no se producen las soluciones inmediata y oportunamente, cosecharemos muertos, heridos y delitos en cada rincón de nuestra geografía. No temamos a esta transformación, sino al estado de inacción y perjuicios que vivimos. Seamos República, no colonia de los malhechores. Es tiempo ya de editorializar progreso y no desgracias.
Abogado