default

¿Policías o cromagnones?


No puede ser cierto que quienes tengan que custodiar nuestra vida, brindado la seguridad al máximo de nuestra integridad física y psíquica, nos apaleen y nada pase. No puede ser cierto que la autoridad de policía, que debe inspirar respeto y estima, nos impulse a la repulsa y rechazo ciudadanos. Por ello, la severa golpiza dada a un galeno de nuestra sociedad y cuyas vistas televisivas han sido observadas en Panamá y en el mundo entero gracias a la velocidad en las comunicaciones del internet, sin duda alguna, que no puede quedar impune.

El exceso de la fuerza, cuando se justifica su empleo, bajo ciertas premisas en el Derecho Penal y por parte de las autoridades judiciales, de policía e investigativas, se encuentra normada por una elemental regla conocida como “la regla del uso o empleo racional de la fuerza”. Los agentes del orden, bajo el imperio de esa regla, sencilla como se presenta, están en la obligación ética y moral de respetarla en cada caso o circunstancia que se les presente en su bregar como agentes que custodian, según la constitución, nuestras vidas, bienes, integridad, dignidad y honra.

Resultará ser que los abogados penalistas tenemos el dicho de que “el protocolo de autopsia es la voz del muerto”; pues, sencillo, así también acontece con los delitos de lesiones personales: los exámenes médicos son los que registran la magnitud de las lesiones y establecen la incapacidad respectiva para deslindar la competencia en cuanto a las investigaciones de los agentes del Ministerio Público. En el caso del reputado galeno, su rostro, golpeado hasta los extremos de quebrarle su tabique nasal, según se ha dado a conocer, no hace otra cosa que hablar por cuenta propia a nombre de la víctima; es la viva y altisonante voz de quien no tiene que dar mayor explicaciones que la de exhibir su rostro y los traumas ocasionados tras la golpiza propiciada por nuestros agentes del orden y de la seguridad ciudadanas.

Ese cerro de probanzas a favor del galeno, contrasta con las deficientes pruebas del sargento que propinó los golpes y quien, en clara alusión de injuria o de calumnia, según corresponda, en la primera defensa que asume ante los medios, sale calificando al galeno como un “maleante”. Alegaba haber sido herido o lesionado en el labio superior de su boca y por mucho que se afanaba en mostrar la lesión, los televidentes no pudimos advertirle golpe o “guantazo” alguno. Se trata de una prueba indubitable. No podemos justificar ni pasar por salto el hecho: Hoy fue el galeno, mañana podemos ser cada uno de nosotros o uno de nuestros familiares o amigos o enemigos.