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Política de salud, alimentación y nutrición

Por: Redacción 16/09/2013

Paulino Romero C.* (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

La bien conocida definición aceptada por la Organización Mundial de la Salud, según la cual la salud es “un estado de completo bienestar físico, mental y social”, asimila el nivel de salud al de vida y lo sujeta a todas las dificultades de medición de este último concepto y a la gama de medidas relacionadas con el bienestar humano. Aunque se retroceda hasta la concepción más estrecha de la salud como ausencia de enfermedad, el avance hacia el objetivo depende de progresos en muchas formas de acción social y económica, tanto como de las medidas destinadas a combatir directamente las enfermedades.

El nivel de educación podría concebirse, aunque no en forma muy satisfactoria, como resultado del funcionamiento de maestros y escuelas. Pero el nivel de salud no puede considerarse (ni con la definición más limitada) como el resultado del funcionamiento de doctores y hospitales.

Las demandas que se hacen al sector de la salud derivan en gran parte de sucesos sobre los que cabe ejercer una actuación preventiva, pero esta cae, principal o totalmente, fuera del alcance de las medidas que corresponden a una política propiamente de salud (por ejemplo, la actuación preventiva de la desnutrición, de los accidentes de tránsito, de la diarrea infantil, etc.). En todos los países en los que hay mucha pobreza, es muy elevada la proporción de las necesidades de atención médica que se deben, directa o indirectamente (al disminuir la resistencia a las enfermedades), a la nutrición deficiente.

En el grado en que se combata la desnutrición, disminuye la necesidad de poner remedio a las enfermedades carenciales y se orienta hacia otros frentes la distribución de la demanda que se ejerce sobre los recursos destinados a la salud. Cabe incorporar algunas medidas sobre nutrición a una política de salud de carácter preventivo, pero alcanzar un grado satisfactorio de consumo de alimentos por parte de la población depende de una variedad muy amplia de medidas que se relacionan con los problemas centrales del desarrollo.

Si bien ahora resulta más fácil la prevención de enfermedades debidas al contagio, a los insectos vectores o a la contaminación de las aguas, la combinación de los procesos de urbanización y cambio tecnológico y la mayor esperanza de vida, han hecho surgir nuevos peligros que ejercen una enorme demanda sobre los servicios curativos. Los accidentes de automóviles constituyen un ejemplo evidente de lo dicho, ya que cabe reducirlos grandemente, pero los medios para ello están en manos de los organismos que emiten licencia de conducir, la policía, los tribunales, los planificadores urbanos, etc. La aplicación efectiva y coordinada de los referidos medios exigiría hacer frente a la totalidad de factores constituyentes de la urbanización desordenada y del acondicionamiento de los consumidores.

También hace mayor la demanda de los servicios de salud la contaminación del aire de los centros urbanos, los abortos ilegales y la inseguridad y las tensiones psicológicas asociadas a las actuales modalidades del cambio. El sector de la salud está condenado a luchar para mitigar las consecuencias del defectuoso funcionamiento de la totalidad de la economía y del orden social, y de los patrones culturales que hacen que los individuos y las familias se resignen a los peligros evitables que afectan a la salud. Pero al progresar la urbanización, no puede afirmarse tan fácilmente como antes que esta resignación se deba a la ignorancia de las clases inferiores. Los estratos altos y medianos contribuyen en mucho a producir las nuevas amenazas contra su propia salud y la del resto de la sociedad urbana.

En la práctica, la planificación y la política de la salud se han concentrado en cierta gama de servicios preventivos y curativos, conjugados con programas para abastecimiento de agua potable y eliminación de excretas y con algunas medidas sobre nutrición, pero los planificadores del sector han procurado tomar cada vez más en cuenta las múltiples influencias que se ejercen sobre la salud, ya sea como ámbitos potenciales para la actuación preventiva o como factores con los que hay que contar al proyectar las futuras direcciones del crecimiento de los servicios curativos.

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