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Política empaña la discapacidad

Por: Redacción 20/05/2014

Fisioterapeuta, Docente Titular de la Universidad Especializada de las Américas

Panamá cuenta con una serie de normativas que regulan, protegen y garantizan los derechos de las personas con discapacidad. Mientras que los organismos internacionales se preocupan en lograr que exista inclusión y equiparación de oportunidades, en nuestro país en el año 2006 se realizó por primera vez un estudio para conocer la prevalencia, características socioeconómicas, demográficas, educativas, laborales y sociales, el cual estuvo elaborado y trabajado por personas profesionales idóneas.

Esto ha permitido conocer que Panamá está por encima del 10% del estimado que ha establecido la Organización Mundial de la Salud (OMS) para los países en vías de desarrollo como el nuestro. Esto es preocupante y debería ser un tema de Estado, ya que evidencia un problema epidemiológico.

Según la OMS, la discapacidad es: “cualquier restricción o impedimento de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para el ser humano. Se caracteriza por excesos o insuficiencias en el desempeño de una actividad rutinaria normal, los cuales pueden ser temporales o permanentes, reversibles o surgir como consecuencia directa de la deficiencia o como una respuesta del propio individuo, sobre todo la psicológica, a deficiencias físicas, sensoriales o de otro tipo”; pero como profesional de la salud donde me enfrento a rehabilitar personas con necesidades especiales, puedo deducir que son mentes brillantes con sentimientos iguales a los de cualquier persona pero atrapados en un cuerpo que los limita e impide desarrollarse plenamente.

En nuestro país se han vinculado de manera plena personas con discapacidad, sobrepasando barreras arquitectónicas y hasta mentales acompañados por el esfuerzo incansable de sus familias que los acompañan a sus terapias y luchas del día a día. Con barreras mentales, me refiero a la baja cultura de aceptación e inclusión. Todavía vemos que cuando una madre circula por la calle con ese ser especial, no falta quien señale o quien se mueva hacia un lado como tratando de evitar un contagio. Adicional, la inocencia de cualquier niño que pregunta en voz alta: ¿Qué tiene ese niño?, ¿por qué es así?

El punto es que cada persona con discapacidad y sus familias llevan una lucha adicional sobre sus espaldas y es importante que se les respete como persona.

Pero viéndolo del otro lado de la moneda, hay personas con discapacidad que quizás no tuvieron el apoyo o no contaron con las oportunidades para desarrollarse en un ámbito profesional o en ambiente que le permitiera forjarse metas e inculcarle el sentido de la superación personal. Es por esto que vemos cómo en los semáforos y en otras áreas se colocan familiares con discapacidad pidiendo limosna, como un método de subsistencia. Haciendo un ejercicio rápido del número de veces que cambia un semáforo y tomando en cuenta que cada persona que ofrece una limosna tiene como promedio de 25 centavos, sabía usted que esas que limosnean cuatro horas diarias cinco días a la semana ganan un promedio entre 600 y 800 dólares mensuales.

Otros toman como bandera la discapacidad y exigen merecer buenos puestos y hasta se prestan para hacer daño a imágenes públicas dando a entender que por ser discapacitado tienen fueros y privilegios. Otros tienen una concepción errada de su propia discapacidad y más que exigir el debido respeto e inclusión al que tienen derecho, ven su condición como un blindaje que más que hacerlos merecedores de una igualdad de oportunidades, están eximidos o por encima de las normas y deberes que todos debemos cumplir.

Las personas con discapacidad tienen posibilidades de ejercer funciones, solo que hay que conocer y explorar sus potenciales, y está comprobado que desarrollan un alto grado de compromiso con la labor que desarrollan.

Es inadmisible que la política utilice la discapacidad como medio para desprestigiar a terceros y más bochornoso que una persona con discapacidad se preste para ello, jugando con el sentimiento de la población, más si tienen el potencial de ser productivas. Debemos estar claros que por encima de la legislación sobre la discapacidad, existen leyes claras sobre los cargos públicos y privados y su manera de ser asignados.

Señores, de la política nacional no se debe jugar ni utilizar la discapacidad para obtener lástima o repudio; denigrando a la persona que la posee. Por el contrario, debe ser tema de Estado donde se desarrollen verdaderas políticas por y para el beneficio de las personas con necesidades especiales y sus familias, dejando a un lado programas asistenciales que proveen beneficios sin establecer responsabilidades.

Preocúpense por disminuir el índice y prevalencia de discapacitados en nuestro país; por lograr establecer sistemas de vigilancia que permitan detectar dónde y por qué se presentan con mayor frecuencia; por elevar el nivel de atención y establecer niveles de complejidad en lo que a rehabilitación se refiere, estableciendo sistemas de referencias acorde con necesidades demográficas, pero accesibles a todos los panameños.

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Viernes 7 de agosto de 2026