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Política en el aula

Por: Redacción 16/08/2013

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La continuidad de la huelga de un sector de profesores pone de manifiesto graves contradicciones e incongruencias entre las razones y los hechos. Las razones aducidas se concentraron en la derogatoria de un decreto que fue interpretado como un ensayo de privatización de la enseñanza pública.

El Ministerio de Educación derogó el decreto, no obstante la irracionalidad especulativa de la demanda. Sin embargo, los huelguistas mantienen la suspensión de clases en algunas provincias, exigiendo otros asuntos no contemplados inicialmente en el pliego. Nadie puede garantizar si se mantiene el ausentismo docente, después de una posible aceptación de las nuevas demandas. La entraña politiquera del movimiento queda ante la faz de los estudiantes, los padres de familia y la opinión pública defraudada por el constante saboteo a los programas educativos que perpetra desde hace tiempo una cúpula indigna de representar los nobles principios de la enseñanza. Lo irónico es que los que tienen la obligación ética de educar dan un mal ejemplo a los estudiantes con la práctica contumaz de sus acciones teñidas de sectarismo politiquero.

Los promotores históricos de la enseñanza pública panameña han dejado un legado trascendente de servicio a la sociedad que desacatan los que, valiéndose de cualquier pretexto, provocan daños irreparables al sistema de enseñanza. Méndez Pereira, Morales, Moscote, Crespo y otros destacados pioneros de la educación panameña concibieron un modelo de docentes que fueran guías y orientadores de las generaciones, fuentes diáfanas de difusión de conocimientos, paradigmas de civismo responsable.

Los grandes maestros de la enseñanza articularon las primeras etapas de la enseñanza como antesala preliminar a la educación universitaria, con la meta de forjar ciudadanos de primer nivel. Quienes desde entonces eligieron la carrera magisterial sabían que no iba a ser un lecho de rosas, porque es una profesión que no labra utilidades materiales excepcionales, sino que, por el contrario, entraña sacrificios, de exigencias perennes en el perfeccionamiento cognoscitivo.

Se afirma, por ello, que la enseñanza es una vocación y no solamente una profesión más. Quienes no tienen clara conciencia de las responsabilidades del magisterio como una vocación tienen libertad para seleccionar otro tipo de actividad profesional o dedicarse a quehaceres políticos con las garantías del ordenamiento constitucional. Lo que no debe admitirse es que conviertan el sistema educativo en un escenario permanente de obstruccionismo como si fuera campo de batalla de confrontaciones políticas.

Existen canales idóneos para tramitar aspectos salariales o cualquier otro asunto que incumba al ejercicio magisterial. La suspensión de clases en forma premeditada por los docentes significa la instrumentación de un método radical que perjudica no solo al Ministerio de Educación sino prioritariamente al alumnado, como en esta deplorable huelga de profesores. Es tiempo que de reflexionen responsablemente como maestros y no se dejen embaucar por los cantos de sirena de la politiquería.

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Jueves 13 de agosto de 2026