Política exterior coherente
No podía ser de otra manera, sino conmovido por la destrucción y ruina a que ha llevado el régimen tiránico (deshumanizado) del presidente "impostor" de Venezuela, Nicolás Maduro, a la Patria de Simón Bolívar, Francisco de Miranda, Andrés Bello, Rómulo Gallegos, Rómulo Betancourt, y por las ingratas experiencias infrahumanas que sufre el pueblo venezolano hoy día, privado de libertad (por la que tanto luchó Bolívar, el Libertador), nos sentimos obligados por nuestra condición prístina de auténtico bolivariano a censurar la política o posición blandengue, indefinible, de la Cancillería panameña frente a los desmanes dictatoriales del actual gobierno de Venezuela.
Hay una razón de fondo muy importante y fundamental: la política exterior de Panamá debe ser una sola, tiene que ser una sola. Independientemente del hecho de que se sucedan los Gobiernos y los ministros, un país no ha de tener sino una sola política internacional, una sola cara frente al mundo y en relación con los demás componentes del orden jurídico y político internacional.
La política exterior de Panamá la dirige el jefe del Estado, con la colaboración del ministro de Relaciones Exteriores. Esta debe ser coherente y sólida porque las posiciones internacionales de Panamá sean el resultado de la suma de la opinión pública y de la opinión política, que nos permita aparecer y presentarnos ante el mundo como nación en que la democracia política, la pluralidad de intereses y opiniones, juega el papel preponderante. Tenemos que mostrar una sola cara, una sola responsabilidad, un coherente destino dentro y fuera del país. No puede haber una política exterior de unos panameños en contra de una política exterior de otros paisanos. Cualesquiera que sean nuestras diferencias ocasionales, circunstanciales y económicas.
La diplomacia se nutre no solo de la vocación para aprender y convivir con otros pueblos y Gobiernos, sino también del orden político interno, de la capacidad de una administración para lograr y sustentarse del mayor apoyo nacional posible. El Ejecutivo (presidente y canciller) debe ser atento y respetuoso en recibir las opiniones de los partidarios y ejecutores de la oposición. Lo ocurrido en la OEA en 2015 fue lamentable, por el cambio de opinión de Panamá a última hora (luego de una conversación telefónica entre los presidentes Juan Carlos Varela y Nicolás Maduro, según afirmara entonces la canciller de Colombia), desdice mucho del comportamiento tradicional de los diplomáticos panameños.
La inteligencia demostrada, la firmeza en su convicción nacionalista, el dominio de la metodología diplomática siempre han sido la fuerza de la razón y el aval con que ha contado Panamá en su lucha generacional por la recuperación de su Canal, hasta lograrlo orgullosamente, mediante la firma de los Tratados Torrijos-Carter el 7 de septiembre de 1977.
Infortunadamente, la política exterior, a partir de julio de 2009 hasta el presente, ha cambiado radicalmente. Las funciones del servicio exterior, como nunca antes, han sido y son pasantías momentáneas para complacer circunstancias personales y políticas, lo que ha dado por consecuencia una notable baja en la calidad del servicio exterior de la República en todos sus aspectos. ¡He ahí lo que ocurre en el tratamiento de las relaciones con Venezuela!
Solo nos resta decir, por el momento, al presidente Juan Carlos Varela y a su canciller: para que la diplomacia sea activa, tiene que ser igualmente abierta, severa, de disciplina cabal. El Ministerio de Relaciones Exteriores no es la oportunidad propicia para que los interesados puedan pasar vacaciones más o menos cómodas en el exterior, sino las distintas funciones por medio de las cuales se ejecutan y realizan la política y la diplomacia del Gobierno del país.
*Pedagogo, escritor, diplomático.