¿Política?: la vida sigue siendo igual
En días pasados advertí, frente a la coyuntura política por la que atraviesa el Partido Revolucionario Democrático ?PRD-, conocido en el argot político como "El Partido de Omar", algunas cosas que quiero dejar plasmadas en este artículo y que procedo a detallar: 1. Poco queda del glorioso y gallardo partido de Omar Torrijos. 2. Un partido que se caracterizó por su acendrado nacionalismo, el amor y el fervor a la Patria, la solidaridad humana y social. 3. Partido que entonaba los cantos a la Patria despertando en los ciudadanos entrega y devoción inclaudicables a la nación. 4. Partido identificado con los pobres, siempre con las grandes mayorías marginadas del país. 5. Que nada tenía que hacer el PRD mendigando o rogando espacios políticos frente al panameñismo, que ganó las elecciones en mayo del 2014. 6. Que la alianza política entre el PRD y los panameñistas presentaba más caracteres de antinomia o de contradicciones que de armonía. 7. Que esa alianza que traducía un supuesto pacto de gobernabilidad terminaría dando al traste por cuanto no mostraba cuáles eran los réditos políticos para el PRD y ello con entera independencia del admirable interés en apoyar una agenda de beneficios para el Estado panameño, en cuanto a la expedición de leyes y demás instrumentos legales. 8: Que vislumbraba una ruptura de esa alianza o pacto de gobernabilidad. 9. Que mal hacía el PRD participando de un pacto de gobernabilidad cuando su naturaleza política y electoral le marcaba un camino de oposición y no de alianza.
Ahora bien, tan solo transcurrió un día. Mis declaraciones fueron transmitidas el pasado martes en la noche por un medio televisivo, para que se produjera lo que ya todos conocemos.
El día miércoles, 1 de julio del año que transcurre, pudimos advertir la ruptura total del pacto de gobernabilidad. Y, como novela que se vuelve a ver o leer, otra vez vimos a los saltamontes o tránsfugas que, aunque no se hayan cambiado de partido político, evidenciaron que se entregaron a la cúpula del poder político actual. Al menos esa es la primera impresión.
Sin embargo, como bien dice mi hermano Ramiro Guerra, aún no terminamos de configurar el movimiento del ajedrez político nacional. Lo que sí es cierto es que quien ejerce el poder político tiene siempre la batuta en las manos, o para mejor decir, la sartén por el mango. Eso quedó bien demostrado el día en que fue electo Rubén De León como nuevo presidente de la Asamblea Nacional. No entraré en valoraciones éticas o morales del matraqueo del cual la nación entera fue testigo. Estas viejas prácticas nunca, quede claro, se superarán en nuestro entorno político. Siempre se van a dar.
Quien gobierna no quiere perder los espacios en que se desarrolla la política que ejerce. Y menos quiere perder la Constitución que tiene. Habría sido funesto, así de sencillo, para el gobierno del presidente Juan Carlos Varela perder la cabeza del hemiciclo panameño, pues la elección de un presidente de su apetencia implicaba, a su vez, una mayoría de diputados que lo elegirían. Y a eso se dedicó el panameñismo. A no perder el control de la Asamblea, de ninguna manera.
Con el argumento de que respetaba el pacto de gobernabilidad, simple y sencillamente se dedicó a pedir los votos de los diputados a favor de un hombre del PRD. Rubén De León siempre fue del PRD. Nadie puede dubitar que ha sido un leal al PRD. No obstante, ayer fue tratado de traidor, de entreguista, de que sería un mandadero del Ejecutivo. Bueno, se respetan las decisiones políticas de estos señores, sin embargo, insistimos, los panameñistas movieron muy bien sus fichas.
Hasta donde conozco, hasta la 1:00 a.m. del día miércoles, es decir, del martes para miércoles, la alianza de los diputados del partido Cambio Democrático ?CD- y el PRD, aparentaba estar bien definida, y todo indicaba que Crispiano Adames sería el nuevo presidente de la Asamblea; sin embargo, en cuestión de horas, en el curso de la madrugada, los panameñistas se movilizaron y le metieron el acelerador al matraqueo que consistió en muchas promesas, presiones y otras tantas cosas.
Resultado: el poder tiene fuerza, tiene espacios y tiene cómo responder a los que, a cambio de un voto, piden y piden, o de quienes no pidiendo nada solo quieren "paz", nada de andar subiendo y bajando escaleras en fiscalías ni en los tribunales. Sobre todo, de quienes se entregan sin mirar más nada: nada de a quién me debo, nada de a quién debo serle leal o fiel, nada de "piénsalo bien", no. Incluso, como pudimos ver también, al momento de votar, no fueron uno ni dos los diputados que "culitranquearon". Fueron varios. ¡Qué cosas tiene la política! No hay sorpresas, sino sorprendidos.