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Política migratoria

Por: Redacción 20/05/2015

En el tema de la inmigración, siendo analíticos, debemos tener presente que si bien hoy en día la migración requiere elaborar políticas claras de integración social que eviten el aislamiento de las comunidades inmigrantes para beneficio de ambas partes, también es cierto que los caudales de inmigración aceptados por ley en nuestro país deben basarse en la relación o consideración que resulta de tomar en cuenta la dimensión territorial de nuestro país de 75,517 km, poco menos de un décimo del territorio de muchas naciones sudamericanas, pero que encierra en esta pequeña extensión recursos naturales muy variados y valiosos, pero finitos, cuyas existencias y sostenibilidad en el tiempo están en función directa a la cantidad de población que disponga de ellos.

De esta observación se deduce una proporción comparativa: no es la misma realidad 300,000 inmigrantes en Canadá que 300,000 inmigrantes en Panamá; el balance de esta comparación es obvio, para Panamá tiene consecuencias directas sobre nuestra infraestructura y la calidad de los servicios públicos que se nos brindan; y en segundo lugar, nos sugiere la necesidad de establecer criterios más razonables sobre la planificación de las políticas migratorias y que estas no sean vistas por los panameños como un riesgo a su convivencia pacífica, ni tampoco como una amenaza a su identidad nacional. Se hace factible establecer entonces programas de inmigración y de estímulo de crecimiento poblacional que favorezcan los periodos o ciclos específicos de crecimiento económico del país.

Para un país como Panamá, con un alto índice de población urbana, ocupada en empleos informales, por falta de un entrenamiento académico y tecnológico, es mejor cobijar dentro de un pequeño territorio una población educada y culta cualitativamente superior, capaz de aprovechar y disfrutar las oportunidades que ofrece el rápido crecimiento económico y el cúmulo de nuevas inversiones que contar con grandes contingentes de obreros nacionales y extranjeros no calificados que no poseen, por su educación, la perspectiva de mejorar su calidad de vida y contribuir así al desarrollo del país.

Desde esta perspectiva se entiende que una buena educación, de tipo integral (humanística y científica) ha de jugar un papel trascendental en el desarrollo del país en tres direcciones. Primero: contribuyendo a la disminución de la tasa de natalidad, dado que se ha demostrado que existe una relación directa entre esta y el grado de escolaridad. Segundo: contribuyendo al entrenamiento tecnológico y académico de la población del país. Y tercero: una población con un alto grado de instrucción sería más propensa a la promoción de un modelo de desarrollo sostenible que es el término utilizado para definir un uso de los recursos naturales de forma razonable afectándola lo menos posible.

Para concluir, el autor deduce que debido a la globalización de la sociedad mundial, la ruptura de las fronteras y a la expansión del libre comercio, es aconsejable implementar políticas de inmigración externas más convenientes con las estrategias de desarrollo nacional haciendo énfasis en la conservación de nuestra identidad nacional y articular para los inmigrantes un modelo social inclusivo, recordando las palabras del exsecretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que dijo: “El éxito de la migración se fundamenta en la adaptación de los inmigrantes y la sociedad que les da acogida, lo que redundará en el beneficio de ambas partes”.

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Viernes 31 de julio de 2026

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