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Política para Godot


Los políticos, como los escritores modernos, se nutren más de las encuestas y los ratings que de la lectura de los clásicos y muy pocos son los que pasan un par de horas husmeando novedades valiosas, generalmente desapercibidas en el mundo teledirigido de las redes de información inútil que inundan el espacio, con más daño del que pueden provocar las ondas hertzianas. Encontré en un estante de rebajas un libro de Hans Küng que debiera cotizar millones en la bolsa de valores culturales, entidad que no existe en ninguna parte del mundo, porque la cultura no cotiza en bolsa. Se titula: Una ética mundial para la economía y la política. Se divide en dos partes, la primera trata sobre Política Mundial y la segunda sobre Economía Mundial.

La primera parte, la que nos ocupa, es una certera crítica a la “realpolitik” variopinta de Maquiavelo, Richelieu y Bismarck, encarnada en Morgenthau y heredada por Henry Kissinger. También desmenuza las debilidades del idealismo político moralizante, representado por el New Freedom de Woodrow Wilson y sus famosos catorce puntos. Tanto la ostentación, como la real posesión del poder, como criterio supremo de la política, son analizadas partiendo del reconocimiento de la necesidad de una responsabilidad ética que aquel paradigma desconoce, puesto que el mismo descansa en la supervivencia darwinista del más fuerte y no del más justo. Invocando así la razón de Estado o la Seguridad Nacional. Dos cucos que justifican el uso ilimitado de la fuerza. Fuerza a la que están subordinadas las demás instituciones democráticas, el Estado de Derecho, los tratados internacionales de paz y el respeto a la dignidad humana y por supuesto, los principios éticos de la guerra y de la moral básica. Aunque el libro se publicó mucho antes de que la doctrina Bush-Cheney-Rumsfeld, de la Guerra Preventiva, fuera llevada a cabo en Irak y Afganistán, no falta allí argumento alguno para pulverizarla.

Del mismo modo critica el puritanismo moralizante cínico de Reagan al implementar su política, seguida a pie juntillas por los gobiernos republicanos que le sucedieron, blandiendo el hacha de la guerra “contra el imperio del mal”. Obama parece haber caído en la ingenuidad de un pacifismo wilsoniano imposible para un país cuyo establishment político-económico-militar descansa en el poderío hegemónico, aunque la realidad nos demuestre hasta dónde se han debilitado las estructuras que sostienen dicha ilusión. La propuesta de Küng es un consenso ético global, basado en el mundo tal como es y no como debiera ser. Para este teólogo progresista, el desafío de las grandes religiones, es encontrar el camino entre un modernismo sin fundamento y un fundamentalismo sin modernidad. Sobre lo que es el futuro, cita a Víctor Hugo: “Para los débiles es lo inalcanzable. Para los tímidos es lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”. Mientras tanto, el mundo sigue esperando a Godot.