Política partidista: ¿Hacia una seudodemocracia?
Los partidos políticos en Panamá están en crisis.
Esta aseveración, aunque algo temeraria, no deja de tener algo de cierto; solo basta echar un breve vistazo a la realidad política nacional, para entender que la política partidista se encuentra en un periodo de transición discursivo. Palabras como coalición y alianza política han casi desaparecido del léxico común de nuestros políticos; implantando en cambio, nuevos conceptos políticos como segunda vuelta y reelección.
De seguir con esta lógica, muy pronto el ciudadano común será testigo fáctico de la desaparición de la democracia partidista, para implantar, en cambio, una seudodemocracia, la cual se caracterizaría por ser aparente, en términos de representatividad; y, distante, en cuanto a las posibilidad de alcanzar el poder político por parte de otros grupos o partidos políticos.
Por otra parte, estos últimos no han reflejado hasta el momento un interés por desarticular este nuevo discurso político mediante la adopción beligerante y crítica, de un discurso progresista y reformista en cuanto a las instituciones públicas y su rol en el advenimiento de un mejor Panamá para todos; además, este nuevo discurso debe argumentarse de forma integral, lo que implica el acercamiento de los partidos políticos con las diferentes organizaciones que conforman la sociedad civil, en miras de generar posibles grupos de interés al estilo “policy-networks” (pluralismo político).
Esta estrategia política partidista, podría suministrar el insumo ideológico necesario para impulsar una modernización general de la política partidista en Panamá. Generando condiciones óptimas para la participación ciudadana, al tiempo que se consolidan en el imaginario de los panameños las debilidades estructurales del discurso político actual, sin necesidad de atacar a ninguna figura pública o actor social.
Llama la atención la posible incorporación de sindicatos en el escenario político. Esta suerte de corporativismo tardío podría suscitar interés no sólo en la clase trabajadora, sino además, en grupos indígenas marginados (políticamente hablando), y en grupos estudiantiles radicales. Esto, a pesar de su poca ortodoxia en Panamá, no sería un desacierto político, dado a la irrevocable necesidad de constituir una plataforma política pluralista de ideas.
Así, con esta posible modernización de la política partidista, no solo se resolvería en parte el tajante discurso político actual, lleno de conceptos que evocan la centralización del poder político; sino además, se gesta una cultura política partidista más democrática.
