Política, políticos y politiqueros
Faltando 11 meses para las elecciones de 2014, los residentes de este privilegiado país, obsequio de natura, expuestos permanentemente a las preocupaciones del costo de la vida, dificultades del transporte, congestión vehicular, cierres arbitrarios de calles, paros y huelgas constantes de gremios intransigentes perjudicando a terceros, nos vemos sometidos ahora a una voraz campaña mediática de escándalos, diatriba, insultos, acusaciones, difamación y distorsión intencional de la realidad por bandos políticos contrarios, autoridades y algunos medios de información y redes sociales.
LAS DECEPCIONANTES ACTUACIONES DE POLÍTICOS HAN LLEVADO A LAS PERSONAS DECENTES A RECHAZAR LA POLÍTICA Y DECIR, YO NO SOY POLÍTICO...
Hace poco, un precandidato a la alcaldía capitalina, al renunciar a su candidatura por el escándalo de una grabación, dijo que “desafortunadamente la política es sucia”, aseveración carente de veracidad, poniendo de manifiesto la ignorancia del significado de política por quienes se autodenominan políticos. Declaraciones como la citada, así como las decepcionantes actuaciones de políticos han llevado a las personas decentes a rechazar la política y decir, yo no soy político, lo cual también es erróneo porque al tomar esa decisión está asumiendo una postura política. Ya lo advertía el gran Aristóteles cuando definía al hombre como animal político. De mi profesor de Gobierno en secundaria aprendí que política es la ciencia de gobernar para servir a los ciudadanos resolviendo los problemas de la nación, a lo que él llamaba Política (con mayúscula), reservando la expresión política con minúscula para los que cada campaña electoral buscan demagógicamente votos para llegar al poder para servirse de él y satisfacer sus mezquinos intereses personales. Me decía el doctor Diego Domínguez Caballero, ilustre filósofo rastreador de las características de la identidad del ser panameño, que para cumplir su misión, la Política se vale de estrategias y métodos dentro de un marco de principios éticos enmarcados en una conducta que no debe reñir con la verdad, honradez y honestidad y que la Política no es amoral ni inmoral ni tampoco sucia, como declaró el citado precandidato. Los que la ensucian y desprestigian son los políticos con minúscula, los politiqueros que cada vez más enlodan, empañan y distorsionan su verdadera naturaleza, propósito y razón de ser.