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Política, rana y estaca


El triste espectáculo que exponen connotadas figuras del mayor partido opositor al régimen gubernamental, dan cuenta del pobrísimo papel que están jugando, en sentido individual y también colectivo. El transfuguismo que desde hace un buen rato viene signando la actividad política, es el resultado de la ausencia de conciencia y de compromiso con la filosofía de los organismos políticos de los que fueron parte en su momento. Esto -el transfuguismo- es una de las tantas maretas que han sido parte del comportamiento habitual de los partidos políticos en Panamá. Distinto al debate de ideas, propuestas y programas, lo importante ha sido la artimaña, la descalificación, la chabacanería, y el discurso insulso, muchas veces apurado, que lleva en muchísimas ocasiones a atropellar al idioma español, como fue recientemente el caso de un alto dirigente opositor, que en una entrevista televisiva, dijo en más de una ocasión: “más sin embargo”.

Es deprimente, observar el lamento y la preocupación que muestran permanentemente los dirigentes opositores, al argumentar que el transfuguismo que hoy afecta al más grande partido de la “oposición”, tiene como factor esencial la compra de sus miembros. Con esa tesis, parecieran querer sustraer otros elementos que más bien pudieran estar a lo interno de ese mismo colectivo, y peor aún, con eso evidencian la flaqueza ideológica a la que pudieran estar asistiendo, puesto que la cifra de tránsfugas del PRD a otros colectivos, es significativa, lo que bien pudiera llevar a la conclusión de que nunca hubo consistencia desde lo filosófico. De allí que, los que se han ido y los que se irán, son productos de esa anemia ideológica. De allí que el transfuguismo, que hoy rechaza la “oposición”, es para el tránsfuga una opción válida, pues lo pertinente para él, es el interés particular.

Ante el apurado transfuguismo, la dirigencia opositora responde con la renuencia a participar de un diálogo con el primer magistrado de la nación, si éste “persiste” en el negocio de la compra de conciencias.

Frente a este escenario, aparece la apreciación interesante del Presidente de la República, quien reduce el asunto a una estaca, y a una rana que brincando queda ensartada en la misma. En unas palabras, la estaca que se mantiene estoica, no tiene culpa alguna, que la rana o el sapo, hayan sido atravesados por ella. En otras palabras, la estaca, que puede simbolizar el poder, no puede ser juzgada por los que quedan engarzados por estar saltando. El asunto está en el hecho, que los saltadores, pudieran no tener conciencia que se van a enganchar o bien, pudiera ser que a propósito han dirigido el salto en una dirección para ser enganchados. El mensaje ha sido claro. El mal hay que buscarlo en el cuerpo y no en la sábana. Por ello, la impotencia de la dirigencia opositora, no es otra que la falta de la autocrítica para como dijese, José de Jesús Martínez (q.e.p.d.): “No ver bien lo que está viendo mal, es no estar viendo bien”.

Lo curioso de todo, es que al final, cada vez más la política panameña sigue adoptando nombres llamativos : “Bin Bin, toro, perro, leona y ahora rana”.

*Docente Universitario

Jorge101@cwpanama.net