Política: Sin miedo al ridículo
La proliferación como hongos de precandidatos a la presidencia de la República pone de manifiesto que este es un país que no sale del “folclorismo”. Si bien es cierto que la democracia tiene como uno de sus postulados la igualdad de oportunidades, lo también cierto es que las oportunidades no son iguales. Ellas dependen de muchos factores, entre los que están las potencialidades del individuo. Porque es que una oportunidad no solamente se da, sino que se gana, también en el terreno de los acontecimientos.
En el frontispicio del templo de Apolo, en la Grecia Antigua, estaba inscrito aquello de: “Conócete a ti mismo”. En efecto, nadie puede pretender conocer a otro si no se conoce a sí mismo. Infortunadamente, en Panamá lo común es “conocer a otros” y dejar de conocerse a sí mismo.
Hoy, los rostros visibles de los pre candidatos presidenciales, básicamente de los partidos políticos, nos enseñan que hay personas que, por haberle perdido el miedo al ridículo, están muy lejos de conocerse. Así entonces, sin mayor proyección, sin una hoja al servicio de la comunidad, y sin el entendimiento cabal de lo que representa la primera magistratura de la nación, han presentado su “figura” para hacer muy mal actos de sainete.
Cuando un individuo apuesta a la popularidad, construida en otros países por las ejecutorias públicas honestas, serias y de realizaciones sociales, o a las relaciones con el poder, aventurerismo, o a cosas baladíes, sencillamente insulta a la comunidad nacional.
Sin ningún respeto por ella, creen tenerle la medida. De allí que sientan que no pasa nada y que presentarse a un concurso interno de sus colectividades políticas es un certamen sin contenido serio, trivial y de farsa. El presidente, en cualquier lugar del universo, es la cara visible del país. Tiene que estar dotado de inteligencia, formación académica, sensatez, conocimiento de las realidades nacionales e internacionales, buen juicio, amor a la democracia, idealista, realista y humano.
El postulado de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen no parece del todo cierto. Los pueblos siempre han aspirado a tener gobiernos correspondientes con sus aspiraciones. Nadie aspira a tener un mal. Lo cierto es que se ha estado en el ensayo y error, lo que no ha permitido hacer las correctas y convenientes elecciones. Las propuestas presidenciales de los partidos políticos no ofrecen absolutamente nada. Todos son más de lo mismo y hasta peor.