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Política y gobierno compatibles


Un buen gobierno es motor, señal y garantía de creciente felicidad. Señala las diferencias entre una política improvisada y una política planificada.

La política improvisada no es más que la lucha por el goce del poder: no sabe orientarse, es impaciente, se fatiga de esperar, es irresponsable, y carece de toda función creadora.

La política planificada es todo lo contrario: es previsora, y rehúye entrar por escotillón a gobernar, avanza con bandera desplegada, y se prepara para tiempo largo, e inspira confianza, entusiasmo, respeto y fe en su intención enérgica de reformar juiciosa y responsablemente.

En la combinación de ciencia y arte que es la política se exhibe la diferencia esencial que hay entre hombres secundarios y hombres superiores. La política es el arte de inventar un recurso a cada un nuevo recurso de los contrarios; de convertir los reveces en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación cueste el sacrificio, o la merma importante, del ideal que se persigue. Hay algo igualmente esencial: ¡La política ha de ser sincera!

Demorar un problema no es más que agravarlo. Por estas vías los conceptos de política y gobierno se hacen compatibles al servicio del bien común.

El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país: equilibrio de clases, capacidades, rectitudes y procederes, no de afuera, sino de dentro, del seno mismo de la patria.

El estadista no puede dejar de comprender la íntima relación que existe entre lo político y lo social. El trabajo es la piedra fundamental de la organización humana cuya expresión política es la Nación.

Cada ciudadano debe aprender a hacer algo de lo que necesiten los demás. De aquellos que no viven por sí, sino apegados a un caudillo que los favorece, usa y mal usa, no se forman pueblos respetables y duraderos.

Intervenir en la política no es mercadear. Quien utiliza la política para auparse o beneficiarse ilegítimamente ataca a la patria misma. Inquieta la incapacidad moral de algunos para reconocer los derechos de otros.

Es pura y fecunda la política que pone en situación de vivir a quienes un estado inicuo de gobierno priva de los medios de aspirar por el trabajo y el decoro a la felicidad.

Entre todos los problemas que pueden sobrevenir en un pueblo el más difícil es el de la ignorancia de las clases que tienen de su lado la justicia. Dos remedios hay para este gravísimo mal: la educación debidamente planificada y el trabajo adecuadamente distribuido.

Pedagogo, escritor, diplomático.