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Políticas sensatas


En diciembre de 2009, Panamá estuvo a punto de cometer un grave error táctico, al aprobar un plan militar hecho por Colombia para atacar al Frente 57 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en Darién.

La sensatez del gobierno de Estados Unidos, que se opuso a la operación transfronteriza y que advirtió a Colombia y Panamá las graves consecuencias internas y externas que esto les causaría, evitó que se consumara el plan.

Panamá América reveló ayer la existencia de esta maniobra, mediante la publicación de cables diplomáticos de la Embajada de Estados Unidos en Panamá, cedidos por Wikileaks.

No solo Estados Unidos se opuso al ataque, a lo interno del gobierno de Ricardo Martinelli dos ministros objetaron la acción, pero sus opiniones fueron desechadas.

Seguramente los funcionarios que se opusieron sabían las limitaciones bélicas con que cuenta la Fuerza Pública y el escándalo internacional que causaría si las tropas colombianas ingresaban, con permiso o no, a territorio nacional.

La embajadora Barbara Stephenson comunicó a Washington sus reservas sobre el ataque, porque consideró que el presidente Martinelli toma decisiones en firme con poca información.

Involucrarse en una guerra frontal contra una organización guerrillera y criminal de la magnitud de las FARC amerita que nuestras autoridades analicen fríamente todas las opciones y posibilidades.

Esto no significa que Panamá va a permitir que las FARC realicen en nuestro territorio las actividades criminales que las alimentan de recursos económicos y que perjudican directamente a la población panameña.

Lo que esperamos los panameños es que nuestras autoridades nos brinden seguridad en cada punto de la geografía nacional, pero no con políticas improvisadas, sino con planes responsables.

En temas que involucran la vida de personas hay que ser muy sensatos. No podemos enviar a panameños a una aventura bélica, cuyas consecuencias desconocemos y que nos podría traer graves repercusiones.