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Político y estadista


El 31 de julio de 1981, hace 29 años, se produjo en el Cerro Marta, provincia de Coclé, el magnicidio del General Omar Torrijos Herrera, líder indiscutible del Proceso de Liberación Nacional que culminó el 31 de diciembre de 1999 –al mediodía- cuando el último soldado estadounidense en suelo istmeño arriaba la bandera de las barras y las estrellas, para que solo ondeara en todo nuestro territorio el tricolor panameño.

Nació un 13 de febrero de 1929, en “un hogar decente y docente”, como el mismo solía decir, formado por dos distinguidos educadores, Don José María Torrijos y Doña Joaquina Herrera. El crimen del Imperio truncó la vida de una persona, que a juicio de Monseñor Marcos Gregorio McGrath, “fue un hombre compasivo”.

En efecto, siempre sintió una profunda conmiseración por quienes en el país sufrían penalidades o desgracias, y como lo hizo nuestro Señor Jesucristo optó por los pobres, los campesinos, trabajadores, aborígenes, negros, mujeres, niños y adultos mayores, en una palabra, por los excluidos de la sociedad y de la vida política. Por eso en la actualidad hay negros y autóctonos en la Asamblea Nacional; Institución que antes de 1968 estaba constituida por Diputados de una sola clase social o sus amanuenses, pertenecientes a grupos políticos oligárquicos provenientes del “Club Unión” y que el pueblo en su inmensa sabiduría les endilgaba el mote de “rabiblancos”.

Fue el General Torrijos uno de los pocos estadistas que ha tenido la nación panameña y para solo mencionar una de sus grandes realizaciones, por la vía pacífica y con el apoyo del mundo entero, contribuyó enormemente para arrancar la última estaca colonialista de la “Zona del Canal” y devolver el Canal a su legítimo dueño: El pueblo panameño. Producto de ese “alpinismo generacional” para lograr la devolución del Canal, son, por ejemplo, las obras de 50 millones anuales que lleva a cabo el PRODEC y los 72 millones de la Red de Oportunidades para atacar la extrema pobreza que aún campea en doce distritos del país.

Como hombre visionario, esto es, que se adelanta al tiempo, construyó obras monumentales y creó instituciones modernas y novedosas como la hidroeléctrica “Bayano”, el IRHE e INTEL, paradójicamente, fue un Presidente de la República electo en la papeleta del PRD, quien las privatizó y las puso en manos de la voracidad de las transnacionales que en el presente ofertan la energía eléctrica y las telecomunicaciones más caras de la región.

Por eso hoy a los veintinueve años de su desaparición física podemos decir con orgullo torrijista que “los hombres no mueren cuando se les entierra sino cuando se les olvida” y, Omar vive en el corazón de su pueblo. ¡Así de sencilla es la cosa!