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Políticos de gavetas


Silvio Guerra M. (opinion@epasa.com) / Abogado.

No puede ser cierto que en este, nuestro país, todos, el pueblo panameño en general, sobre todo los que nos mantenemos al margen de la actividad política partidista hayamos quedado siendo víctimas vilipendiadas y atosigadas de una especie de histeria colectiva, de una paranoia social que atribula y angustia los espíritus de tantos panameños y panameñas, todo ello encausado por no pocos políticos de gobierno y de oposición que plagan sus intervenciones públicas, sus apariciones, sus comentarios, de mucho odio, de mucha maldad, inquina, malquerencias, indisposiciones, de ánimos vengativos, de mucho resentimiento.

¡Cómo ha sido degenerado el discurso político! ¡Cómo ha sido lanzada, cuesta abajo, la moral y la decencia política! No pocos políticos nuestros, lejos de ser el paradigma de los buenos políticos, decrecen o devienen en pantomimas muy divorciadas y distanciadas de lo que debe ser un excelente político.

De los políticos buenos que he conocido, rememoro o recuento de ellos algunas características: eran hombres connotados de mansedumbre de espíritu y de ánimo, soberanos y muy dueños de sus criterios o de sus ideas, dados a la elegancia en sus presentaciones y entregados al cultivo fecundo del buen hablar, no amantes de la polémica innecesaria o super-

ficial, fecundos en las buenas relaciones humanas, mansos, sencillos, no irritables ni iracundos, inspiradores de buenas ideas y proyectos en otros, amigables, amantes de la paz y del sosiego doméstico, no ampulosos ni rimbombantes, no altisonantes, muy silenciosos cuando las circunstancias lo ameritaban, afables, apacibles, querendones, cálidos en el trato humano, llenos de humanidad en sus formas de ser, reflexivos, leídos y fructíferos creadores de pensamientos que han marcado a otros.

Hoy, ¿qué tenemos? Triste decirlo: bochinchosos, altaneros irreverentes, ofensivos, denigrantes, petulantes, soberbios, altaneros, polémicos innecesarios, inciertos, plagados de desaciertos, hipócritas, confabuladores, renuncian a principios de toda moral y ética política, entreguistas, vendidos y vendutas, incumplidos, prometedores, falsarios, superficiales, poco cultos, nada de lectura, nada de fecundidad en el buen hablar, obscenos, ofensivos, en fin.

Estimo que frente a este nefasto estado de cosas que desdibuja al político nuestro y que también desdibuja a nuestra identidad nacional, algo tenemos que hacer. ¿Como qué? Sencillo, toca a nosotros, los que quedamos como remanente preocupado por lo que acontece y frente a la élite política pintada de falsa hidalguía, exigir respeto.

Abogado.