default

Políticos “mantequillas”


La semana pasada se publicó un artículo en un periódico local, sobre el diputado Ricardo Valencia, del circuito 8-1 de Arraiján, quien se convirtió en el primer diputado panameñista tránsfuga al inscribirse en las filas de Cambio Democrático. Es importante conocer cuáles fueron los motivos que llevaron a este diputado tan joven a cambiarse de tolda. Este diputado, de solo 22 años, no tiene la experiencia para adquirir grandes responsabilidades. Aunque todos los panameños conocemos que muchos diputados de mayor edad son tan irresponsables y faltos de educación, que se muestran incapaces para presentar ante el pleno de la Asamblea Nacional, una propuesta que beneficie al pueblo panameño.

Si queremos tener a mejores políticos que nos representen en la Asamblea Nacional, es importante modificar el punto 3 del artículo 153 de la Constitución panameña, en el que se establece que para ser diputado tienes que haber cumplido por lo menos 21 años de edad a la fecha de la elección. Este punto es trascendental que lo cambien, la edad correcta sería a los 35 años de edad, similar a los requisitos para ser presidente de la nación. También se debe incluir un nuevo punto, en el que se les exija a los diputados tener un nivel de educación universitaria. A los 22 años, apenas se está graduando un estudiante de su universidad y tratando de dar sus primeros “pininos” como futuro profesional. Pero aquí tenemos a este diputado, que no ha sido capaz de presentar alguna propuesta ante el pleno de la Asamblea. A estos diputados los podemos clasificar como “mantequillas”, ya que solo sirven para alzar la mano en el Pleno, sin saber cuáles son los temas que se aprueban, y si favorecen o perjudican al pueblo.

Sin embargo, el problema de la Asamblea Nacional no es el único que tenemos, también está el Órgano Ejecutivo y el Órgano Judicial, criticados fuertemente por la ciudadanía, el nivel de corrupción ha llegado a límites nunca antes vistos, los políticos entran con una cuenta bancaria en cero y salen con una cuenta bancaria repleta de millones, dando origen a una nueva clase social sin escrúpulos y sin piedad para vaciar las arcas del Estado. Los pobres seguimos sufriendo estas injusticias, porque somos nosotros los que pagamos cada impuesto que se le ocurre al Gobierno, mientras que unos pocos con sus caras sonrientes se llevan el dinero de los contribuyentes. Estamos volviendo a los tiempos pasados, cuando unas pocas familias eran dueñas de todo Panamá y el resto de los panameños eran peones.