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Populismo


Palabra con visos doctos, que todos usamos, siempre tiene una connotación negativa, real o simulada y nadie sabe a ciencia cierta de dónde vino, qué significa, qué fenómenos incluye, cuáles excluye.

Sería tarea de proporciones alejandrinas reunir en doscientas palabras una delimitación precisa del concepto, pero podría intentarse la aventura en varias notas como ésta que da inicio a la intentona.

Por tratarse de una palabra derivada, la primera tarea será examinar el sustantivo que, al menos en buen romance, da origen a la expresión: el pueblo. Ya desde el este principio, demuestra su naturaleza resbalosa y ambigua, puesto que la palabra que da origen al sustantivo populismo, es posible, a su vez, entenderla en diversos sentidos.

El pueblo es la gente. El conjunto de las personas que dan sustancia a una sociedad política. Toda la gente. Los que van adelante en la carrera del progreso y los que van quedándose rezagados. El pueblo es el depositario de un derecho natural a la autonomía y al autogobierno. Estar constituido por personas es la razón esencial por la que un pueblo es más pueblo en función de dos condiciones o cualidades compartidas: la conciencia y la amistad. Conciencia de constituir un todo unificado por la amistad mutua. Como tal, el pueblo, es más que el estado: “no es para el estado sino que el estado es para el pueblo” como bien lo dejara sentado J. Maritain.