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Populismo II


En el empeño de habérnosla con la palabreja del título, además de fijarnos en la nobleza de su origen, el pueblo, es decir, la sustancia de la sociedad civil, un segundo paso será fijarnos en su morfología. No siempre es así pero, en este caso, la terminación “ismo” añade a la palabra originaria una connotación de anormalidad, de algo que se conforma de manera defectuosa o dañina, así como el lenguaje médico utiliza este sufijo para denotar malformaciones, enfermedades o vicios: botulismo, raquitismo, estrabismo, alcoholismo. Algo hay en el tipo de fenómenos que el genio del idioma bautizó como populismo, que no anda bien o que anda mal. Es así como, con la misma acepción, se usa el término en inglés, ruso, francés, italiano o alemán: “populism”, “populisme”, “populismo”, “populismus”.

En sentido estricto la expresión, populismo se refiere a fenómenos de la vida política de una sociedad, aunque, en sentido amplio, suele usarse para conductas análogas exhibidas en la administración privada y, en general, en el ejercicio de cualquier tipo de liderazgo, sea religioso, gremial, económico, etc. Sólo que el populismo en el liderazgo de empresas, si llegare a existir, sería de muy corta duración, porque todo el juego se toparía demasiado rápido con la realidad confrontadora de los balances en rojo y la perspectiva horrenda de la quiebra. Queda todavía tela por cortar. Nos veremos en Populismo III.