Populismo III
Visto que estamos ante una palabra que indica vicios, defectos, conductas inapropiadas o francamente dañinas para la salud de la sociedad civil ¿en qué personajes de la sociedad podemos encontrar el populismo?
Para empezar, el populismo es un vicio que exhiben, en forma activa, las personas que, dentro de la vida política de una sociedad, ejercen el poder público con mayor o menor autoridad, o compiten por conquistarlo. Es a ellos a quienes, con mayor frecuencia y propiedad, se puede calificar de populistas: líderes, parlamentarios, candidatos, presidentes, alcaldes, concejales...
En forma un poco más pasiva, son portadores del mal aquellos miembros de la sociedad que no ejercen el poder público ni están en busca de él, para quienes el populismo es una forma legítima, correcta o, eventualmente, imprescindible de administrar el poder público en cualquier nivel. En otras palabras, populista es también toda persona que, siguiendo criterios o elementos de juicio populistas elige, apoya o combate a quienes ejercen el poder público. De ellos podría decirse lo que Facundo Cabral ha dicho de los “pendejos”: que son muy peligrosos porque son muchos. Con frecuencia son portadores sanos de un mal que a veces no tiene remedio pero, en todo caso, es la mejor garantía de que nuestras sociedades subdesarrolladas seguirán así y ocuparán el furgón de cola, entre las naciones del mundo, por muchos lustros más. Por eso es conveniente seguir profundizando en las características, la etiología y el hábitat del mal. Veremos.
