Populismo y verdad
Una medida populista de típico protagonismo político, precipitada e inconsulta, no puede cambiar radicalmente de la noche a la mañana el sistema de comercialización vigente desde hace más de dos décadas, lo que quedó demostrado en el primer día de ensayo de la reducción de los precios de la canasta básica.
Los consumidores están preparados anímicamente para beneficiarse con los bajos precios de la veintena de productos sometidos al nuevo sistema de control dictado por el nuevo gobierno. Pero la diferencia entre las promesas políticas y la realidad económica de los alimentos regulados se puso de manifiesto en la inquietud de los productores y el desconcierto de las tiendas de abasto administradas por comerciantes de origen asiático a las que acuden las familias de sectores populares.
No hubo una divulgación masiva de los productos regulados, lo que causó el desconcierto de los comerciantes y el despistaje de los consumidores. Numerosas amas de casa tuvieron que consultar a los comerciantes por qué razones los productos que habitualmente compran no han bajado de precio.
Las consultas de consumidores a comercializadores jalonaron el inicio del decreto firmado por el presidente Juan Carlos Varela para cumplir la promesa de la campaña electoral. Pero como dijo un célebre político europeo, la realidad no se cambia por decreto, máxime si este no tiene el aval de una planificada política de estudios para la aplicación social, sino que constituye una plataforma para ganar aplausos.
Los productores agropecuarios están a la deriva desde hace varios años debido a que los mecanismos estatales existentes no satisfacen la crisis que les agobia. Necesitan programas de rescate que involucren amplios estímulos crediticios y tecnológicos para ampliar las hectáreas de tierras de cultivo.
Se sienten frustrados por la naturaleza imperativa de un decreto que ordena bajas de precios sin el conocimiento minucioso de los elementos que participan en la siembra de los campos de cultivo: créditos para financiar cosechas, renovación de maquinaria agrícola, asesoramiento técnico en la selección de semillas de alto rendimiento por hectárea, equilibrio sostenible de los precios que reciben de los comerciantes y el porcentaje de la ganancia de quienes no pagan mucho a los agricultores y especulan con los precios de venta al público.
Los productores de arroz de la provincia de Chiriquí son las primeras víctimas del control descontrolado. La constante reducción de la producción de arroz nacional demuestra que los agricultores chiricanos y de las tierras altas ya no tienen capacidad para poder satisfacer el volumen del consumo de una población creciente de trabajadores beneficiados con el aumento del salario mínimo, lo que redimensiona las necesidades productivas. Cada año aumenta la importación de arroz extranjero para abastecer la demanda del mercado, lo que genera salida de divisas al exterior, desempleo en las áreas rurales, deserciones de arroceros al sembrío de otros productos agrícolas por ausencia de estímulos debidamente estudiados.
Pero no es factible auxiliar a los productores agropecuarios con dispositivos políticos fríamente calculados para ganar halagos. No hay espacio a los cálculos políticos ante la crisis de la economía agropecuaria.