default

Por dinero baila el mono


Quiero referirme a algunas reacciones que produjo mi artículo “ Detener la estupidez”, publicado en este diario el 29 de septiembre pasado. Reconozco que usé términos muy gruesos en ese artículo, pero lo hice porque consideraba que era urgente llamar la atención sobre los problemas gravísimos que pueden sobrevenir a la ciudad de Boquete, por las construcciones que se están realizando en esa ciudad para evitar los daños con nuevas inundaciones. Es decir, que esos trabajos requieren la supervigilancia de profesionales con más capacidad científica, como advirtieron expertos que previnieron las inundaciones anteriores.

También quiero referirme a unos comentarios que expresaron algunos lectores en Internet. Concretamente al que dijo: que al final, nos enteraríamos por qué había escrito yo ese artículo. “Por dinero baila el mono”.

La verdad, hay personas que no saben lo que dicen. Según esa persona, yo ando tras un interés económico; y que me han pagado, o me pagarán por lo que escribo. Esto me hizo recordar a la señora que, hace algunos años, me llamó por teléfono para preguntarme cuánto me habían pagado por los más de mil libros , que yo había regalado a la Biblioteca Pública de David; y yo le contesté que nada, que no me habían pagado nada. Ella insistió: “Que todos esos libros, que le costaron a usted miles de dólares, usted los ha regalado, así por el gusto de regalarlos…¡ A otro perro con ese hueso!”.

Recordé al señor del SINAPROC, que me llamó por teléfono (mientras estaba en mi programa radial) y me dijo, que una empresa extranjera “subsidiaba” a Carmencita Tedman para que los desprestigie a ellos. Y también recordé al zoquete que hace unos meses llamó por televisión a Carmencita, “Gringa ñángara”. ¡Qué una mujer tan grande y tan noble exponga su salud y su vida, luchando por la conservación de la naturaleza, porque le pagan para ello! Cuántas cosas tiene que oír uno en esta vida...

Cuentan que, cuando el gran novelista inglés Somerset Maugham estaba moribundo, una nube de periodistas y corresponsales extranjeros lo rodeaban esperando anotar sus últimas palabras; y que el hombre, de más de 90 años, exclamó antes de morir: ¡Cuánta estupidez, Señor!

Un famoso escritor español dijo, que el idealismo y la locura de Don Quijote, por luchar por las causas más nobles y desinteresadas, los había enfermado a todos… Y yo diría que no a todos, porque hay personas tan ruines, que son incapaces de regalar un café con leche, sin una intención interesada. ¡Pobres diablos!

Mensaje del Dr. Carlos Guevara Mann.

“Lo felicito, don Juan, por su columna de hoy (“ Detener la estupidez”), atinada como siempre. Lo mismo que a Ud. me preocupa el recrudecimiento de la arbitrariedad y la imparable devastación del medio ambiente. ¿Qué hacer para detener ambos fenómenos nefastos? Cordialmente, CGM“.