Por dónde comenzar
La pregunta del millón, no solo para Juan Carlos Varela y su equipo de allegados, sino también para muchos que aspiramos a que las cosas se compongan en Panamá, toda vez que hay muchísimas que pueden ser cambiadas con un plumazo y con la voluntad que nos brinda la sabiduría, pues ya todos aquí nos hemos convertido, con tantos desatinos, en políticos y conocedores viejos de la realidad nacional.
LOS CACAREADOS “PLANES, PROMESAS Y PROYECTOS DE GOBIERNO” POCO A POCO SE VAN OLVIDANDO, Y EL NUEVO GOBIERNO COMIENZA SUS FUNCIONES ENFRENTANDO, GENERALMENTE, SITUACIONES NUEVAS A LAS PLANTEADAS EN LAS ÉPOCAS DE PROMESAS Y CAMPAÑAS QUE DAN MOTIVO A QUE EL RUMBO VARÍE FÁCILMENTE HACIA OTROS DERROTEROS...
Bueno, le digo a Varela que sí hay maneras coherentes y eficientes para iniciar con una excelente gestión de gobierno que atienda principalmente a las clases sociales que más lo necesitan, y destaco aquí que es muy necesario que las clases pobres-profesionales y medias bajas requieran de especial atención, pues ellas no solamente son un motor hacia el desarrollo y superación social de la patria, sino que del trabajo que a ellas socialmente se les imprima vendrá (pronostico) una serie de paulatinas mejoras en temas que tienen que ver con la calidad de vida, la delincuencia, el rendimiento educativo, la corrupción, la participación y otros aspectos fundamentales.
El punto aquí es que son estas clases sociales el objeto de nuestra preocupación, pues es a estas a las que en mayor proporción les afecta directamente cada derroche, desatino, abuso, injusticia, pero que desde las alturas del poder, la avaricia, los macronegocios, el dinero y la vanidad, se hace imposible percibirlos, comprenderlos y, mucho menos, atenderlos.
La lista de desatinos, abusos e injusticias legisladas y practicadas en contra de los más vulnerables es demasiado grande, por tanto, no se hace demasiado difícil revisar en los diversos escenarios y estratos sociales las abruptas diferencias respecto a la presencia de oportunidades exageradas para unos y nulas o negativas para los otros, que por ello se configura, a pesar de las riquezas, como demasiado pobre e ignorante, con preocupantes índices de deserción escolar, pésimas universidades y extraordinaria delincuencia en franco crecimiento.
Hay aquí dos temas que aclarar: 1) El por dónde comenzar, viendo claramente la radiografía del esqueleto en el que se sustentan los órganos del enfermo para determinar sus fracturas, y 2) la sobriedad necesaria que se debe requerir, dadas las experiencias previas, en todo un buen equipo de gobierno y de trabajo, para no perder el norte entre el entusiasmo y la confusión de demasiadas cabezas proponiendo generalmente disparates desligados de planes que incluso no poseen sustanciales coherencias ni han obedecido a razones científicas u honestas en su creación o incluso proponiendo adicionales desatinos que aparentan bondades que más adelante perjudican a la sociedad. No debemos olvidar además, que en el arranque del nuevo equipo debe (si se quiere ser distinto e incluso obtener mayor aceptación popular), estructurar una escogida mesa de trabajo en busca de bienes mal habidos y responsables de desfalcos a la cosa pública, pues para un buen gobierno las responsabilidades de los daños al pueblo tienen paralela prioridad.
El peor fracaso de todos los gobiernos que han precedido al de Varela, se gesta en el despelote formado a la hora de arrancar el nuevo ejercicio de poder, el que consiste en el problema de ¿a quién nombro para tal o cual cargo? Por ejemplo, sin revisar si el salario es acorde para el cargo, puesto, funciones o la institución donde se motiva el nuevo nombramiento, por lo cual hay que revisar en este punto, pues instituciones completas pueden más bien convertirse en un obstáculo para el desarrollo que en una necesidad social.
A partir de allí que los cacareados “planes, promesas y proyectos de gobierno” poco a poco se van olvidando, y el nuevo gobierno comienza sus funciones enfrentando, generalmente, situaciones nuevas a las planteadas en las épocas de promesas y campañas que dan motivo a que el rumbo varíe fácilmente hacia otros derroteros, y que es más definible como continuismo. Se inicia así la regresión de la buena voluntad y la incoherencia se impone al verdadero y esperado liderazgo.
El primer paso para la salida de la oscuridad es la conciencia empeñada en buscar, con inteligencia y mesura, en las mentes de quienes ya han adelantado todos estos temas respecto a los males de la sociedad. Preferiblemente que sean nacionales procurando en absoluto, importar “asesorazos” de otras latitudes, pues esto además, disgusta a nuestros criollos que lo ven como desprecio o deshonestidad.
Esto es, pues, ser capaz de identificar y escoger a excelentes líderes, exponentes e ilustrados nuestros en temas de sociopolítica, derechos humanos, constitucionalidad, economía, urbanismo, participación, justicia, etc., y luego, sean motivados y dirigidos dentro de un proyecto sustanciado en equidad y empeñado para el beneficio noble y honesto de todos los panameños natos y no natos.