¡Por el poder se juntan, y se desjuntan!
Dos meses atrás, se daba por descontado que al diputado Muñoz, de CD, le sucedería el candidato escogido por el Partido Panameñista que, tras una leve escaramuza interna, fue el diputado y vicepresidente del mismo, Alcibiades Vásquez. Pero cuando todo parecía estar “atado y bien atado”, aparecieron “los franco tiradores”, supuestamente autónomos, que torpedearon a Vásquez, alegando como razón que “había nuevas realidades” que obligaban a mantener la presidencia de la Asamblea bajo control de CD.
Según los panameñistas, como sus colegas de CD, deshonrando la “palabra empeñada”, retiraron su apoyo a Vásquez y escogieron a uno de los suyos para presidir el Legislativo, para castigarlos por haberse negado a aprobar la “segunda vuelta”, mediante una ley, como quiere el propio presidente Martinelli, ellos, por principio, tuvieron que mantener su candidato. El “socio mayor de la alianza” no recogió velas; cada bancada postuló el suyo y, finalmente, se impusieron los 32 votos de CD y el diputado Héctor Aparicio, curiosamente de Soná, fue elegido presidente. Desairados y ofendidos los panameñistas y los perredianos, por solidaridad, protesta o por lo que fuera, se retiraron del recinto parlamentario y, como consecuencia, se rompió el quórum y quedó en suspenso completar la elección de la mesa directiva y también recibir el informe que debía presentar Martinelli.
¿Fue la vía para aprobar la segunda vuelta, con la que los panameñistas dicen estar de acuerdo, siempre que sea aprobada por vía constitucional, la causa del desacuerdo? No lo creo así. El mar de fondo es otro: ¿quién gobierna en el período 2014-2019? CD, después de haber aumentado su bancada, sumando tránsfugas; y su membresía, tras engullirse a Unión Patriótica y a Molirena, ha decidido, simple y llanamente, seguir al frente del gobierno, con o sin el apoyo de los panameñistas. Así de claro.
En el 2009, CD no tenía la seguridad de ganar, contando solo con los aliados menores, UP y Molirena. El apoyo panameñista, fue una póliza de seguro; pero ahora ven las cosas de otra manera. Si los panameñistas aceptan nuevamente la vicepresidencia -y les exigirán que se definan pronto-, la alianza se mantiene; pero si se rehusaran, la póliza de seguro sería la segunda vuelta, que para la sorpresa de los propios panameñistas, nadie lo dude, sería aprobada por más de los 32 votos con que hasta ahora cuenta CD.
En la política panameña, en la que casi todo se vale, por el poder se juntan; pero también se desjuntan. Lo han experimentado muchos; pero todavía quedan espacios para llenarlos con nuevos sorprendidos.
