Por el respeto a la vida
El bien más preciado es la vida, y el Estado está obligado a garantizar, de acuerdo con la Constitución Nacional, precisamente, la vida, honra y bienes de sus asociados. Sin embargo, vemos un alarmante crecimiento de toda clase de delitos que la amenazan. De hecho, la tendencia de homicidios en Panamá, en el año 2015, no ha variado mucho si se le compara con el 2014.
Las estadísticas aparecidas en un diario contabilizaron 633 crímenes de los que un 33% del total se atribuía a conflictos entre personas (riña, viejas rencillas, pasiones, etc.).
Y llama la atención, en un país en que la mujer juega un papel preponderante en lo profesional y como dueña de su casa, que el femicidio, forma más extrema de violencia de género, causó, en el año 2014, el asesinato de 25 mujeres. En la mayoría de los casos, se comprobó que los asesinatos fueron perpetrados por sus parejas.
De hecho, en el año 2015 se contabilizaron más de 20 casos de feminicidio, sin contar con los 1,740 casos de violencia doméstica registrados entre enero y febrero de ese mismo año. ¿Qué nos está ocurriendo?
Sin duda alguna, tanto la falta de valores éticos y morales como la buena educación y cultura de paz, la disociación familiar, la falta de un actuar tolerante y comprensivo que tienda a la tutela de la concordia como norte de nuestras actuaciones, están impidiendo al ciudadano común actuar con prudencia, cordura, humanidad y solidaridad.
Lo anterior nos obliga, como un solo haz de voluntades, a atacar con prontitud estos problemas para que todos pensemos en dar de nosotros antes de pensar en nosotros mismos.
Esta tarea no podemos dejarla solo a los estamentos estatales; la familia, la escuela y la sociedad están obligadas a involucrarse en el esfuerzo de la búsqueda de la concordia social como forma usual de actuar de la comunidad en general para no ver repetidas escenas de ciudadanos que pretenden resolver sus diferencias de manera violenta y sin medida alguna en todas partes, como si no existieran las instituciones específicas para solventar situaciones de conflicto.
En este sentido debemos recordar que no podemos tomarnos la justicia por nuestra propia mano, ya que vivimos en una sociedad con leyes que persiguen la existencia de un orden, y el respeto al derecho ajeno como base de la vida en común.}
Abogado y rotario