default

Por la verdad y la moral política

Por: Redacción 19/12/2016

 

No dudamos de que cada vez son más los ciudadanos (políticos o no) a los que no les gustaría escuchar consignas que expresan honestidad, capacidad, probidad, integridad. Por supuesto, se trataría de consignas que podrían incomodar a algunos, haciendo rememorar periodos que no serían de su gusto, dadas las circunstancias no éticas ni morales ni cívicas que caracterizan el actual ambiente político panameño.

En cambio, son muchas las personas a quienes les harían recordar épocas que todavía atesoran íntimamente, y que representan lo mejor del Panamá de ayer: ejemplos de tiempos en que brillaban los políticos honestos y capaces como Justo y Pablo Arosemena, Belisario Porras, Eusebio A. Morales, Carlos A. Mendoza, Francisco Arias Paredes, Harmodio Arias Madrid, Juan Demóstenes Arosemena, Guillermo Andreve, Enrique A. Jiménez, José Isaac Fábrega, Diógenes de la Rosa, Víctor Navas, Ricardo Manuel Arias Espinosa, Ernesto de la Guardia Jr., Roberto F. Chiari, Aquilino E. Boyd, Víctor Florencio Goytía, Jorge E. Illueca, Carlos Iván Zúñiga Guardia, Alejandro González Revilla, Ricardo Arias Calderón (para citar solo unos cuantos de los más distinguidos).

Pero creemos que en aquellos tiempos la política era una pasión que se fundía con el romanticismo. La filosofía, la política, la literatura y las artes eran parte de una visión de búsqueda de identidad nacional y continental. No obstante, en esos periodos también se dieron acciones como la lucha armada, y la violencia en todos los "bandos", el antagonismo de las clases sociales, como parte relevante de la lucha en que lo ideológico era determinante.

Como en todos los tiempos, siempre rescataremos episodios, hechos y personajes que todavía son símbolos que nos permiten espacios para pensar en sociedades ideales y posibles. Pero lo cierto es que en la actualidad hemos cruzado la frontera moral de nuestras convicciones con el fin de presionar y girar hacia una retórica capaz de llevarnos a la confusión, a la ambigüedad, y a desatinos aún más nihilistas y angustiantes que antaño.

En verdad, estamos viviendo tiempos marcados por discursos que debilitan la credibilidad de la política y que juegan con el espíritu de la democracia, induciéndonos a visualizar fases sociales críticas al no existir sustento moral en los torneos electorales. La dificultad de forjar nuevos liderazgos nos ha llevado a un panorama apocalíptico en tiempo tan breve que la sospecha de conspiración a nuestra institucionalidad ya parece posible de elucubrar. La pérdida de foco en el debate, la ceguera en el ansia del poder y la anulación de ideales se agotan en intentos de alianzas o coaliciones imposibles o débiles, que carecerán de fuerza para enfrentar crisis futuras.

A 30 meses de las próximas elecciones (mayo de 2019), esa reflexión nos parece necesaria, dada la amarga experiencia sufrida por el pueblo panameño durante estos últimos 30 meses (2014/16), de la caótica administración del nefasto régimen del presidente Juan Carlos Varela. Ello nos obliga a realizar esfuerzos para concienciarnos de la necesidad, de la legitimidad en el ejercicio de la actividad política y de la certeza de que aún tenemos en Panamá hombres y mujeres de acción basados en la razón, la verdad y la moral, vale decir, personas de bien, capaces de manifestar hidalguía, honestidad, eficiencia y honradez, tal como se hacía en aquellos tiempos de antaño, de grata memoria, en nuestro actual y distinto contexto histórico...

*Pedagogo, escritor, diplomático.

Edición Impresa

Miércoles 15 de julio de 2026