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Por los caminos del hambre


El persistente incremento de los precios de la comida está conduciendo por caminos de hambre al mundo globalizado. El hambre está entre los riesgos sociales más crueles a que estamos expuestos. Con hambre no hay salud, ni capacidad de aprendizaje, productividad laboral, rendimiento deportivo, convivencia pacífica, ni balance social.

Entre diciembre 2003 y diciembre 2010, la Canasta Básica de Alimentos (estimada para los distritos de Panamá/San Miguelito) incrementó 48.9%, de B/ 189.89 (2003) a B/ 282.81 (2010). Además, el Índice de Precios al Consumidor Nacional Urbano incrementó 30.2%, aumentándose el renglón alimentos 49.0%.

Estos aumentos, no podrán ser compensados por millones de panameños, especialmente los 1.1 millones de pobres, tampoco la gente de más bajos ingresos (3/5 de la población recibe el 29.6% de los ingresos distribuidos y 2/5 el 70.4%); mientras que 32.7% de la población es pobre (1/3 del total), 9.5% de esta vive con $1.25 diario. Es imprescindible implementar medidas generales y medidas focalizadas que compensen las pérdidas de bienestar y mejorar la atención a los problemas sociales genéricos que experimenta la población, evitando que muten a situaciones delictuosas y violencia más organizada.

Los pobres destinan 48.9% del gasto en alimentos, los extremadamente pobres 53.8%; cuando encarecen los comestibles se les entroniza el hambre, se bajan las defensas contra las enfermedades, por carecerse de una apropiada nutrición, igualmente se acentúa la pobreza por consumo.

Los más golpeados por la pobreza y el hambre son los menores de cinco años, los cuales son los más pobres según edad (49.4% lo es), además 19.1% del total presenta desnutrición, lo mismo que 62.0% de estos menores en áreas indígenas.

El hambre y la pobreza impulsan el verdadero cambio (cambio social) y la liberación de los pueblos.

La inequidad social y el hambre, no serán erradicadas con promesas de rebajar la comida, entre otras promesas, sino entronizando la equidad cristiana, mediante un reparto justo del ingreso, implementando reales cambios socioeconómicos estructurales, una reconstrucción social (un nuevo reparto del pan), sin corrupción, impulsados por todos los panameños, trabajando en esa dirección.