¡Por mares procelosos!
En la víspera de que la Asamblea comience la discusión de los 97 cambios propuestos al Código Electoral, cuya redacción, se dice, “logró consensuar”, la flamante “comisión de reformas electorales”, después de “un año de arduo trabajo”, por lo que se oye, escucha y lee, el susodicho consenso navega por mares procelosos.
Los signos de que el consenso “terminado de sazonar” por el triunvirato electoral encontrará resistencias entre los diputados, se han generado desde las entrañas del Órgano Ejecutivo y de las bancadas de los partidos del gobierno. La ministra Méndez soltó una bomba de profundidad al proponer la reducción del “subsidio electoral” que puso a temblar al PRD, pues la ubre que ahora succiona se mermaría en 4 ó 5 millones. La de los partidos del gobierno también se achicaría, pero éstos, por serlo, tienen “alternativas” para compensar la disminución y, además, esperan capitalizar políticamente “su desprendimiento”.
Otras propuestas, como las de la reelección inmediata o la reducción de la veda de 10 a 5 años, también han salido de las filas gubernamentales, aunque sus autores aleguen ser “patrullas autónomas”.
Y, a la par que se lanzan estos petardos, varios de “los lideres de la bancada oficialista” han anunciado “reparos a los consensos” recogidos en el proyecto, especialmente, aquellos que podrían poner en peligro sus aspiraciones de perpetuarse en sus curules, como son “los diputados nacionales”, las “listas cerradas” o la transparencia en el financiamiento de las campañas.
Además, en las filas oficialistas también hay divisiones en cuanto a la metodología para aprobar las reformas electorales. Un sector, encabezado por el actual presidente del parlamento, el CD Muñoz, pide sesiones extraordinarias, mientras su colega, el panameñista Varela, teme un tratamiento “acelerado” y preferiría que su copartidario, Alcibiades Vásquez, asuma la presidencia de la asamblea, cuando podrían controlar “los tiempos” y neutralizar el “fuego amigo”.
Aún estamos a tres años de las elecciones, pero eso ni pospone ni retrasa las ambiciones, ya desatadas, por los eventuales “repartos del poder”, entre los aliados “del cambio”. Y si en alguna arena éstas aflorarán, en toda su crudeza, será en la Asamblea. Tanto las reformas constitucionales como las electorales, cuyas discusiones finales tendrán como teatro principal al parlamento, y lo que allí ocurra, comenzarán, así apunta, a aclarar el horizonte del 2014. Será cuestión de esperar, para ver para dónde correrán las aguas.
