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Por qué invertir en las niñas

Por: Redacción 11/10/2013

Roland Angerer (opinion@epasa.com) / Director regional, Plan International

Son pocos los países donde los hombres y las mujeres tienen igualdad plena. En Latinoamérica tenemos esta deuda pendiente: no hemos logrado alcanzar este hito. Vivimos en una región pujante, en crecimiento. Y aunque en muchos de nuestros países las niñas tienen un rendimiento superior al de los niños en la escuela y en la universidad, siguen quedándose rezagadas en términos de acceso al poder político, igualdad de la remuneración, y más importante siguen siendo las más pobres de los pobres.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las mujeres latinoamericanas ganan en promedio un 17% menos que los varones. Y en varios países esa diferencia es más pronunciada, como Brasil y Chile. La discriminación de las mujeres puede comenzar antes de que nazcan -en el mundo faltan 100 millones de niñas y mujeres por la práctica del aborto selectivo- y se mantiene a lo largo de toda la vida. El 50% de las agresiones sexuales mundiales las sufren niñas menores de 16 años. Las niñas enfrentan muchos obstáculos para tener acceso a la educación.

En América Latina, el embarazo precoz, la violencia por causa del género, la deficiencia en la salud y nutrición, la falta de las bases de la educación temprana y la carga del trabajo doméstico y del cuidado a otros niños y niñas, son algunos obstáculos para que las niñas terminen la escuela. Esta última práctica es común en nuestra región, y se añade a la delegación del cuidado de los hermanos pequeños a las niñas en muchos hogares.

En Centroamérica, hay lugares donde 8 de cada 10 niñas está embarazada antes de los 16 años, ya sea por un familiar (abuso), por costumbre, por presión… Son niñas siendo madres de niñas.

Esto es particularmente serio en la adolescencia, cuando las niñas están en procesos de cambios de niñas a mujeres, pero todavía no han desarrollado las destrezas o el conocimiento para protegerse de cualquier daño. Es precisamente en este momento de sus vidas cuando más apoyo necesitan. Sin embargo, es también cuando el prejuicio y la discriminación – que trata a las niñas como personas menos importantes y desiguales en comparación con los niños – las coloca en mayor riesgo.

Una educación de calidad en las niñas y adolescentes implica una transformación en una comunidad, y en un país. Esto quiere decir que las niñas reciban una educación que contribuya a traer igualdad al hogar, al trabajo y a los procesos de toma de decisiones local. Hay que romper el ciclo. Solo así lograremos el verdadero cambio que traerá un beneficio social y económico para todos y todas. Los estudios aseguran que las niñas con educación son niñas con poder.

Las niñas empoderadas pueden contribuir al romper el ciclo intergeneracional de la pobreza. Estudios comprueban que un año adicional de educación secundaria aumenta los ingresos potenciales de una niña/mujer de 15% a 25%. Al educar a las niñas, al darle cariño, salud, y protección, prosperarán y mejorarán las vidas de todos los que las rodean.

¿Qué beneficios trae la igualdad de género? Muchísimos. Algunos son menos violencia, mayor educación para todos, menor corrupción. Los estudios comprueban que los hombres con educación son menos propensos a ser violentos con sus parejas femeninas, y las mujeres con educación son mucho menos propensas a soportar la violencia o a creer que es natural y parte del orden establecido.

Una educación igual para todos, sin sexismos, enfocada en que tanto hombres como mujeres tienen responsabilidades en el hogar, con los hijos (que los hombres también lavan los platos y cocinan, y las mujeres también salen a trabajar) genera una sociedad justa. Una niña educada siente más confianza en sí misma, en decir “no”. En participar en la toma de decisiones.

¿Cuándo invertir en las niñas? Ya. Hoy. Las niñas y adolescentes son el presente, no el futuro. Nuestras decisiones hoy tienen impacto directo en sus vidas, y -por ende- en la vida de sus comunidades, de nuestros países, de la región. El impacto es tanto social como económico.

Este 11 de octubre celebramos el segundo Día Internacional de la Niña, fecha en que debemos reflexionar sobre los problemas que enfrentan las niñas y las adolescentes.

Es la hora de tener un diálogo en nuestro hogar, en las escuelas, los municipios, los parlamentos, sobre las ventajas y los beneficios de invertir en nuestro mayor recurso, estas que hoy son niñas y adolescentes y que mañana serán sus madres, nueras, suegras, tías, sobrinas y maestras. Sin ellas, no existiríamos.

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